Libro VII
Liber septimus
Iam mortua erat adulescentia mea mala et nefanda, et ibam in iuuentutem, quanto aetate maior, tanto uanitate turpior, qui cogitare aliquid substantiae nisi tale non poteram, quale per hos oculos uideri solet. non te cogitabam, deus, in figura corporis humani, ex quo audire aliquid de sapientia coepi; semper hoc fugi et gaudebam me hoc reperire in fide spiritalis matris nostrae, catholicae tuae; sed quid te aliud cogitarem non occurrebat. et conabar cogitare te homo, et talis homo, summum et solum et uerum deum, et te incorruptibilem et inuiolabilem et inconmutabilem totis medullis credebam, quia nesciens, unde et quomodo, plane tamen uidebam et certus eram id, quod corrumpi potest, deterius esse quam id quod non potest, et quod uiolari non potest, incunctanter praeponebam uiolabili, et quod nullam patitur mutationem, melius esse quam id quod mutari potest. clamabat uiolenter cor meum aduersus omnia phantasmata mea et hoc uno ictu conabar abigere circumuolantem turbam inmunditiae ab acie mentis meae: et uix dimota in ictu oculi ecce conglobata rursus aderat et inruebat in aspectum meum et obnubilabat eum, ut quamuis non forma humani corporis, corporeum tamen aliquid cogitare cogerer per spatia locorum siue infusum mundo siue etiam extra mundum per infinita diffusum, etiam ipsum incorruptibile et inuiolabile et inconmutabile, quod corruptibili et uiolabili et conmutabili praeponebam, quoniam quidquid priuabam spatiis talibus, nihil mihi esse uidebatur, sed prorsus nihil, ne inane quidem, tamquam si corpus auferatur loco et maneat locus omni corpore uacuatus et terreno et humido et aerio et caelesti, sed tamen sit locus inanis tamquam spatiosum nihil.
Ya había muerto mi adolescencia, mala y nefanda, y entraba en la juventud, tanto más torpe en vanidad cuanto mayor en edad: no podía pensar ninguna sustancia sino tal como la que suele verse con estos ojos. No te pensaba, Dios, en figura de cuerpo humano desde que empecé a oír algo de sabiduría; siempre huí de esto, y me alegraba de hallarlo [así] en la fe de nuestra madre espiritual, tu [Iglesia] católica; pero no se me ocurría de qué otro modo pensarte. Y me esforzaba por pensarte —yo, un hombre, y un hombre tal— a ti, sumo, único y verdadero Dios; y con toda la médula creía que eras incorruptible, inviolable e inmutable, porque, aun sin saber de dónde ni cómo, veía con claridad y estaba cierto de que lo que puede corromperse es peor que lo que no puede; y lo que no puede ser violado lo anteponía sin vacilar a lo violable; y que lo que no padece mudanza alguna es mejor que lo que puede mudarse. Clamaba con violencia mi corazón contra todos mis fantasmas, y con este solo golpe intentaba ahuyentar de la mirada de mi mente el enjambre de inmundicia que revoloteaba en torno; y apenas apartado, en un abrir y cerrar de ojos, he aquí que, apiñado de nuevo, volvía, se precipitaba sobre mi mirada y la nublaba, de modo que, aunque no en forma de cuerpo humano, me veía obligado a pensar algo corpóreo a través de los espacios de los lugares, ya infundido en el mundo, ya difundido aun fuera del mundo por lo infinito; y [pensaba] eso mismo como incorruptible, inviolable e inmutable, que anteponía a lo corruptible, violable y mudable; porque todo lo que privaba de tales espacios me parecía no ser nada, pero absolutamente nada, ni siquiera un vacío, como cuando se quita un cuerpo de un lugar y el lugar queda vacío de todo cuerpo, terreno, húmedo, aéreo y celeste, y es, sin embargo, un lugar vacío, como una nada espaciosa.✦
Adulescentia e iuuentus: en la división romana de las edades, la adolescencia llegaba hasta los treinta años; Agustín tiene ahora unos treinta y uno (año 385/386).
«En fe de nuestra madre espiritual»: la Iglesia católica, a la que llama madre.
Ego itaque incrassatus corde nec mihimet ipsi uel ipse conspicuus, quidquid non per aliquanta spatia tenderetur uel diffunderetur uel conglobaretur uel tumeret uel tale aliquid caperet aut capere posset, nihil prorsus esse arbitrabar. per quales enim formas ire solent oculi mei, per tales imagines ibat cor meum, nec uidebam hanc eandem intentionem, qua illas ipsas imagines formabam, non esse tale aliquid: quae tamen ipsas non formaret, nisi esset magnum aliquid. ita etiam te, uita uitae meae, grandem per infinita spatia undique cogitabam penetrare totam mundi molem et extra eam quaquauersum per inmensa sine termino, ut haberet te terra, haberet caelum, haberent omnia et illa finirentur in te, tu autem nusquam. sicut autem luci solis non obsisteret aeris corpus, aeris huius, qui supra terram est, quominus per eum traiceretur penetrans eum non dirrumpendo aut concidendo, sed implendo eum totum, sic tibi putabam non solum caeli et aeris et maris, sed etiam terrae corpus peruium et ex omnibus maximis minimisque partibus penetrabile ad capiendam praesentiam tuam, occulta inspiratione intrinsecus et extrinsecus administrantem omnia, quae creasti. ita suspicabar, quia cogitare aliud non poteram; nam falsum erat. illo enim modo maior pars terrae maiorem tui partem haberet et minorem minor, atque ita te plena essent omnia, ut amplius tui caperet elephanti corpus quam passeris, quo esset isto grandius grandioremque occuparet locum, atque ita frustatim partibus mundi magnis magnas, breuibus breues partes tuas praesentes faceres. non est autem ita. sed nondum inluminaueras tenebras meas.
Así pues, yo, embotado de corazón y sin ser claro ni siquiera para mí mismo, pensaba que absolutamente no era nada lo que no se extendiera por algún espacio, o no se difundiera, o no se apelotonara, o no se hinchara, o no tuviera o pudiera tener algo semejante. Porque por las formas por las que suelen andar mis ojos, por tales imágenes andaba mi corazón; y no veía que esta misma atención con la que formaba esas imágenes no era nada semejante, y que, sin embargo, no las formaría si no fuera algo grande. Así también a ti, vida de mi vida, te pensaba grande por espacios infinitos, penetrando por todas partes toda la mole del mundo y, fuera de ella, en todas direcciones, por inmensidades sin término, de modo que te tuviera la tierra, te tuviera el cielo, te tuvieran todas las cosas, y ellas terminaran en ti, pero tú en ninguna parte. Así como la luz del sol no encuentra obstáculo en el cuerpo del aire, de este aire que está sobre la tierra, para atravesarlo penetrándolo, no rompiéndolo ni cortándolo, sino llenándolo todo, así pensaba que no solo el cuerpo del cielo, del aire y del mar, sino también el de la tierra te era permeable y penetrable en todas sus partes, máximas y mínimas, para recibir tu presencia, que con secreta inspiración gobierna por dentro y por fuera todas las cosas que creaste. Así lo suponía, porque no podía pensar otra cosa; pero era falso. Pues de ese modo una parte mayor de la tierra contendría una parte mayor de ti, y una menor, una menor; y de tal manera estarían llenas de ti todas las cosas, que el cuerpo de un elefante contendría más de ti que el de un gorrión, por cuanto es más grande que este y ocupa un lugar mayor; y así, a trozos, harías presentes tus partes a las partes del mundo: grandes a las grandes, pequeñas a las pequeñas. Pero no es así. Aún no habías iluminado mis tinieblas.✦
«Embotado de corazón»: cf. Mt 13,15. «No habías iluminado mis tinieblas»: cf. Sal 17,29.
Sat erat mihi, domine, aduersus illos deceptos deceptores et loquaces mutos, quoniam non ex eis sonabat uerbum tuum, sat erat ergo illud quod iam diu ab usque Carthagine a Nebridio proponi solebat et omnes, qui audiebamus, concussi sumus: quid erat tibi factura nescio qua gens tenebrarum, quam ex aduersa mole solent proponere, si tu cum ea pugnare noluisses? si enim responderetur aliquid fuisse nocituram, uiolabilis tu et corruptibilis fores. si autem nihil ea nocere potuisse diceretur, nulla afferretur causa pugnandi et ita pugnandi, ut quaedam portio tua et membrum tuum uel proles de ipsa substantia tua misceretur aduersis potestatibus et non a te creatis naturis atque in tantum ab eis corrumperetur et conmutaretur in deterius, ut a beatitudine in miseriam uerteretur et egeret auxilio, quo erui purgarique posset, et hanc esse animam, cui tuus sermo seruienti liber et contaminatae purus et corruptae integer subueniret, sed et ipse corruptibilis, quia ex una eademque substantia. itaque si te, quidquid es, id est substantiam tuam, qua es, incorruptibilem dicerent, falsa esse illa omnia et exsecrabilia; si autem corruptibilem, id ipsum iam falsum et prima uoce abominandum. sat erat ergo istuc aduersus eos omni modo euomendos a pressura pectoris, quia non habebant, qua exirent sine horribili sacrilegio cordis et linguae sentiendo de te ista et loquendo.
Bastaba, Señor, contra aquellos engañados engañadores y mudos charlatanes —pues no sonaba en ellos tu palabra—, bastaba, pues, aquel [argumento] que ya hacía tiempo, desde Cartago, solía proponer Nebridio, y todos los que lo oíamos quedábamos sacudidos: ¿qué te habría hecho aquella no sé qué raza de las tinieblas, que ellos suelen oponer como mole contraria, si tú no hubieras querido luchar con ella? Pues si se respondía que te habría hecho algún daño, serías tú violable y corruptible. Y si se decía que no habría podido dañarte en nada, no se aducía ninguna causa para luchar, y para luchar de tal manera que una porción tuya, un miembro tuyo o una prole de tu misma sustancia se mezclara con potencias contrarias y con naturalezas no creadas por ti, y fuera por ellas corrompida y cambiada a peor hasta el punto de pasar de la bienaventuranza a la miseria y necesitar auxilio con que pudiera ser rescatada y purificada; y que esa es el alma, a la que tu Verbo socorrería, libre a la esclava, puro a la contaminada, íntegro a la corrompida, pero también él corruptible, porque [sería] de una misma y única sustancia. Así pues, si decían que tú, sea lo que fueres, es decir, tu sustancia, por la que eres, eres incorruptible, todo aquello era falso y execrable; y si [te decían] corruptible, eso mismo ya era falso y abominable desde la primera palabra. Bastaba, pues, esto contra ellos, que merecían ser vomitados de todo modo por un pecho oprimido, porque no tenían salida sin horrible sacrilegio del corazón y de la lengua, al pensar y decir tales cosas de ti.✦
Se refiere a los maniqueos, secta dualista fundada por Mani (s. III) a la que Agustín perteneció nueve años; enseñaban la lucha entre un reino de la luz y una «raza de las tinieblas». Nebridio: amigo íntimo de Agustín desde Cartago.
Sed et ego adhuc, quamuis incontaminabilem et inconuertibilem et nulla ex parte mutabilem dicerem firmeque sentirem dominum nostrum, deum uerum, qui fecisti non solum animas nostras sed etiam corpora, nec tantum nostras animas et corpora, sed omnes et omnia, non tenebam explicitam et enodatam causam mali. quaecumque tamen esset, sic eam quaerendam uidebam, ut non per illam constringerem deum inconmutabilem mutabilem credere, ne ipse fierem quod quaerebam. itaque securus eam quaerebam et certus non esse uerum quod illi dicerent, quos toto animo fugiebam, quia uidebam quaerendo, unde malum, repletos malitia, qua opinarentur tuam potius substantiam male pati quam suam male facere.
Pero también yo, aunque decía y sentía firmemente que nuestro Señor, Dios verdadero, que hiciste no solo nuestras almas sino también los cuerpos, y no solo nuestras almas y cuerpos sino a todos y todas las cosas, era incontaminable, inconvertible y en ninguna parte mudable, todavía no tenía explicada y desenredada la causa del mal. Cualquiera que fuese, veía que debía buscarse de tal manera que no me forzara a creer mudable al Dios inmutable, no fuera que yo mismo me volviera lo que buscaba. Así pues, la buscaba seguro, y cierto de que no era verdad lo que decían aquellos de quienes huía con toda el alma, porque los veía, al buscar de dónde [viene] el mal, llenos de malicia, por la cual opinaban que tu sustancia padece el mal antes que la suya lo hace.
Et intendebam, ut cernerem quod audiebam, liberum uoluntatis arbitrium causam esse, ut male faceremus et rectum iudicium tuum ut pateremur, et eam liquidam cernere non ualebam. itaque aciem mentis de profundo educere conatus mergebar iterum et saepe conatus mergebar iterum atque iterum. subleuabat enim me in lucem tuam, quod tam sciebam me habere uoluntatem quam me uiuere. itaque cum aliquid uellem aut nollem, non alium quam me uelle ac nolle certissimus eram et ibi esse causam peccati mei iam iamque aduertebam. quod autem inuitus facerem, pati me potius quam facere uidebam et id non culpam, sed poenam esse iudicabam, qua me non iniuste plecti, te iustum cogitans, cito fatebar. sed rursus dicebam: "quis fecit me? nonne deus meus, non tantum bonus, sed ipsum bonum? unde igitur mihi male uelle et bene nolle? ut esset, cur iuste poenas luerem? quis in me hoc posuit et inseuit mihi plantarium amaritudinis, cum totus fierem a dulcissimo deo meo? si diabolus auctor, unde ipse diabolus? quod si et ipse peruersa uoluntate ex bono angelo diabolus factus est, unde et in ipso uoluntas mala, qua diabolus fieret, quando totus angelus a conditore optimo factus esset?" his cogitationibus deprimebar iterum et suffocabar, sed non usque ad illum infernum subducebar erroris, ubi nemo tibi confitetur, dum tu potius mala pati quam homo facere putatur.
Y me esforzaba por discernir lo que oía: que el libre albedrío de la voluntad es la causa de que hagamos el mal, y tu recto juicio, de que lo padezcamos; y no lograba discernirlo con claridad. Así, intentando sacar del abismo la mirada de mi mente, me hundía de nuevo; y, tras intentarlo a menudo, me hundía otra vez y otra vez. Me levantaba hacia tu luz el hecho de que sabía que tenía voluntad tanto como que vivía. Así, cuando quería o no quería algo, estaba certísimo de que no era otro sino yo quien quería o no quería, y ya casi advertía que allí estaba la causa de mi pecado. Lo que hacía contra mi voluntad, veía que más bien lo padecía que lo hacía, y juzgaba que eso no era culpa sino pena, y pronto confesaba que era castigado no injustamente, pues te pensaba justo. Pero de nuevo decía: «¿Quién me hizo? ¿No fue mi Dios, que no solo es bueno sino el bien mismo? ¿De dónde, pues, me viene el querer mal y no querer bien? ¿Para que hubiera motivo de pagar justamente la pena? ¿Quién puso esto en mí y sembró en mí este plantel de amargura, siendo yo todo hechura de mi dulcísimo Dios? Si el autor es el diablo, ¿de dónde [viene] el mismo diablo? Y si también él, por voluntad perversa, de ángel bueno se hizo diablo, ¿de dónde le vino también a él la voluntad mala por la que se hiciera diablo, si todo él fue hecho ángel por un creador óptimo?». Con estos pensamientos me hundía otra vez y me ahogaba, pero no era arrastrado hasta aquel infierno del error donde nadie te confiesa, porque se piensa que tú padeces el mal antes que el hombre lo hace.✦
«Donde nadie te confiesa»: cf. Sal 6,6. Alude de nuevo a la doctrina maniquea.
Sic enim nitebar inuenire cetera, ut iam inueneram melius esse incorruptibile quam corruptibile, et ideo te, quidquid esses, esse incorruptibilem confitebar. neque enim ulla anima umquam potuit poteritue cogitare aliquid, quod sit te melius, qui summum et optimum bonum es. cum autem uerissime atque certissime incorruptibile corruptibili praeponatur, sicut ego iam praeponebam, poteram iam cogitatione aliquid adtingere, quod esset melius deo meo, nisi tu esses incorruptibilis. ubi igitur uidebam incorruptibile corruptibili esse praeferendum, ibi te quaerere debebam atque inde aduertere, ubi sit malum, id est unde sit ipsa corruptio, qua uiolari substantia tua nullo modo potest. nullo enim prorsus uiolat corruptio deum nostrum, nulla uoluntate, nulla necessitate, nullo inprouiso casu, quoniam ipse est deus et quod sibi uult, bonum est et ipse est idem bonum; corrumpi autem non est bonum. nec cogeris inuitus ad aliquid, quia uoluntas tua non est maior quam potentia tua. esset autem maior, si te ipso tu ipse maior esses: uoluntas enim et potentia dei deus ipse est. quid inprouisum tibi, qui nosti omnia? et nulla natura est, nisi quia nosti eam. et ut quid multa dicimus, cur non sit corruptibilis substantia, quae deus est, quando, si hoc esset, non esset deus?
Así me esforzaba por hallar lo demás, como ya había hallado que lo incorruptible es mejor que lo corruptible; y por eso confesaba que tú, fueras lo que fueras, eras incorruptible. Pues ningún alma pudo ni podrá jamás pensar algo que sea mejor que tú, que eres el sumo y óptimo bien. Y puesto que con toda verdad y certeza lo incorruptible se antepone a lo corruptible, como yo ya lo anteponía, habría podido alcanzar con el pensamiento algo mejor que mi Dios si tú no fueras incorruptible. Allí, pues, donde veía que lo incorruptible ha de preferirse a lo corruptible, allí debía buscarte, y desde allí advertir dónde está el mal, es decir, de dónde [viene] la corrupción misma, por la cual tu sustancia de ningún modo puede ser violada. Porque la corrupción no viola en absoluto a nuestro Dios: ni por voluntad alguna, ni por necesidad alguna, ni por ningún caso imprevisto, porque él es Dios, y lo que quiere para sí es bueno, y él mismo es ese bien; y ser corrompido no es un bien. Ni eres obligado contra tu voluntad a nada, porque tu voluntad no es mayor que tu poder. Sería mayor si tú fueras mayor que tú mismo, pues la voluntad y el poder de Dios son Dios mismo. ¿Y qué hay imprevisto para ti, que lo conoces todo? Y no existe naturaleza alguna sino porque tú la conoces. ¿Y para qué decir tantas cosas de por qué no es corruptible la sustancia que es Dios, si, en caso de serlo, no sería Dios?
Et quaerebam, unde malum, et male quaerebam et in ipsa inquisitione mea non uidebam malum. et constituebam in conspectu spiritus mei uniuersam creaturam, quidquid in ea cernere possumus, sicuti est terra et mare et aer et sidera et arbores et animalia mortalia, et quidquid in ea non uidemus, sicut firmamentum caeli insuper et omnes angelos et cuncta spiritalia eius, sed etiam ipsa, quasi corpora essent, locis et locis ordinata, ut imaginatio mea; et feci unam massam grandem distinctam generibus corporum creaturam tuam, siue re uera quae corpora erant, siue quae ipse pro spiritibus finxeram, et eam feci grandem, non quantum erat, quod scire non poteram, sed quantum libuit, undiqueuersum sane finitam, te autem, domine, ex omni parte ambientem et penetrantem eam, sed usquequaque infinitum, tamquam si mare esset ubique et undique per inmensa infinitum solum mare et haberet intra se spongiam quamlibet magnam, sed finitam tamen, plena esset utique spongia illa ex omni sua parte ex inmenso mari: sic creaturam tuam finitam te infinito plenam putabam et dicebam: "ecce deus et ecce quae creauit deus, et bonus deus atque his ualidissime longissimeque praestantior; sed tamen bonus bona creauit: et ecce quomodo ambit atque implet ea? ubi ergo malum et unde et qua huc inrepsit? quae radix eius et quod semen eius? an omnino non est? cur ergo timemus et cauemus quod non est? aut si inaniter timemus, timor ipse malum est, quo incassum stimulatur et excruciatur cor, et tanto grauius malum, quanto non est, quod timeamus, et timemus. idcirco aut est malum, quod timemus, aut hoc malum est, quia timemus. unde est igitur, quia deus fecit haec omnia bonus bona? maius quidem et summum bonum minora fecit bona, sed tamen et creans et creata bona sunt omnia. unde est malum? an unde fecit ea, materies aliqua mala erat, et formauit atque ordinauit eam, sed reliquit aliquid in illa, quod in bonum non conuerteret? cur et hoc? an inpotens erat totam uertere et conmutare, ut nihil mali remaneret, cum sit omnipotens? postremo cur inde aliquid facere uoluit ac non potius eadem omnipotentia fecit, ut nulla esset omnino? aut uero exsistere poterat contra eius uoluntatem? aut si aeterna erat, cur tam diu per infinita retro spatia temporum sic eam siuit esse ac tanto post placuit aliquid ex ea facere? aut iam, si aliquid subito uoluit agere, hoc potius ageret omnipotens, ut illa non esset atque ipse solus esset totum uerum et summum et infinitum bonum? aut si non erat bene, ut non aliquid boni etiam fabricaretur et conderet qui bonus erat, illa sublata et ad nihilum redacta materie, quae mala erat, bonam ipse institueret, unde omnia crearet? non enim esset omnipotens, si condere non posset aliquid boni, nisi ea quam non ipse condiderat adiuuaretur materia". talia uoluebam pectore misero, ingrauidato curis mordacissimis de timore mortis et non inuenta ueritate; stabiliter tamen haerebat in corde meo in catholica ecclesia fides Christi tui, domini et saluatoris nostri, in multis quidem adhuc informis et praeter doctrinae normam fluitans, sed tamen non eam relinquebat animus, inmo in dies magis magisque inbibebat.
Y buscaba de dónde [viene] el mal, y lo buscaba mal, y no veía el mal que había en mi misma búsqueda. Y ponía ante la vista de mi espíritu toda la creación, cuanto en ella podemos ver —como la tierra, el mar, el aire, los astros, los árboles y los animales mortales— y cuanto en ella no vemos —como el firmamento del cielo, por encima, y todos los ángeles y todos sus seres espirituales—, pero también a estos, como si fueran cuerpos, ordenados en sus lugares, según [los figuraba] mi imaginación. E hice de tu creación una sola masa grande, diferenciada por géneros de cuerpos, tanto los que verdaderamente eran cuerpos como los que yo había imaginado en lugar de los espíritus; y la hice grande, no cuanto era, que no podía saberlo, sino cuanto me plugo, aunque finita por todas partes; y a ti, Señor, rodeándola y penetrándola por todas partes, pero infinito en todas direcciones; como si hubiera un mar por doquier y por todas partes, por la inmensidad, un solo mar infinito, y tuviera dentro de sí una esponja todo lo grande que se quiera, pero finita: estaría aquella esponja llena por todas sus partes del mar inmenso. Así pensaba que tu creación, finita, estaba llena de ti, infinito, y decía: «He aquí a Dios, y he aquí lo que Dios creó; y Dios es bueno, y poderosísima e inmensamente más excelente que estas cosas; pero, como bueno, creó cosas buenas; y he aquí cómo las rodea y las llena. ¿Dónde, pues, está el mal, y de dónde y por dónde se coló aquí? ¿Cuál es su raíz y cuál su semilla? ¿O es que no existe en absoluto? ¿Por qué, entonces, tememos y evitamos lo que no existe? Y si tememos en vano, el temor mismo es un mal, por el que el corazón es aguijoneado y atormentado sin motivo; y un mal tanto más grave cuanto que no hay qué temer, y tememos. Por tanto, o existe el mal que tememos, o el mal es que temamos. ¿De dónde, pues, [viene], si Dios, que es bueno, hizo buenas todas estas cosas? Ciertamente el bien mayor y sumo hizo bienes menores; pero, con todo, el que crea y lo creado, todo es bueno. ¿De dónde viene el mal? ¿Acaso aquello de lo que las hizo era alguna materia mala, y la formó y ordenó, pero dejó en ella algo que no convirtió en bien? ¿Y por qué esto? ¿Acaso era impotente para transformarla y cambiarla toda, de modo que no quedara nada de mal, siendo omnipotente? En fin, ¿por qué quiso hacer algo de ella y no hizo más bien, con esa misma omnipotencia, que no existiera en absoluto? ¿O es que podía existir contra su voluntad? Y si era eterna, ¿por qué la dejó estar así durante tanto tiempo, a través de los espacios infinitos de los tiempos pasados, y tanto después le plugo hacer algo de ella? O bien, si de repente quiso obrar algo, ¿no habría hecho mejor el omnipotente que ella no existiera y que él solo fuera el bien total, verdadero, sumo e infinito? O, si no estaba bien que el que era bueno no fabricara y fundara también algo bueno, ¿no habría quitado y reducido a la nada aquella materia que era mala, y establecido él una buena de la cual crear todas las cosas? Pues no sería omnipotente si no pudiera fundar algo bueno sin ser ayudado por una materia que él mismo no había fundado». Tales cosas revolvía en mi pecho miserable, agravado por los cuidados mordacísimos del temor a la muerte y de no haber hallado la verdad. Sin embargo, permanecía firmemente adherida en mi corazón la fe de tu Cristo, Señor y Salvador nuestro, en la Iglesia católica; informe todavía en muchas cosas y fluctuando fuera de la norma de la doctrina; pero, con todo, mi alma no la abandonaba, sino que, al contrario, la embebía cada día más y más.
Iam etiam mathematicorum fallaces diuinationes et inpia deliramenta reieceram. confiteantur etiam hinc tibi de intimis uisceribus animae meae miserationes tuae, deus meus! tu enim, tu omnino — nam quis alius a morte omnis erroris reuocat nos nisi uita, quae mori nescit, et sapientia mentes indigentes inluminans, nullo indigens lumine, qua mundus administratur usque ad arborum uolatica folia? — tu procurasti peruicaciae meae, qua obluctatus sum Vindiciano acuto seni et Nebridio adulescenti mirabilis animae, illi uehementer adfirmanti, huic cum dubitatione quidem aliqua, sed tamen crebro dicenti non esse illam artem futura praeuidendi, coniecturas autem hominum habere saepe uim sortis et multa dicendo dici pleraque uentura nescientibus eis, qui dicerent, sed in ea non tacendo incurrentibus, procurasti tu ergo hominem amicum, non quidem segnem consultatorem mathematicorum nec eas litteras bene callentem, sed, ut dixi, consultorem curiosum et tamen scientem aliquid, quod a patre suo se audisse dicebat: quod quantum ualeret ad illius artis opinionem euertendam, ignorabat. is ergo uir nomine Firminus, liberaliter institutus et excultus eloquio, cum me tamquam carissimum de quibusdam suis rebus, in quas saecularis spes eius intumuerat, consuleret, quid mihi secundum suas quas constellationes appellant uideretur, ego autem, qui iam de hac re in Nebridii sententiam flecti coeperam, non quidem abnuerem conicere ac dicere quod nutanti occurrebat, sed tamen subicerem prope iam esse mihi persuasum ridicula illa esse et inania, tum ille mihi narrauit patrem suum fuisse librorum talium curiosissimum et habuisse amicum aeque illa simulque sectantem. qui pari studio et conlatione flagrabant in eas nugas igne cordis sui, ita ut mutorum quoque animalium, si quae domi parerent, obseruarent momenta nascentium atque ad ea caeli positionem notarent, unde illius quasi artis experimenta colligerent. itaque dicebat audisse se a patre suo, quod cum eundem Firminum praegnans mater esset, etiam illius paterni amici famula quaedam pariter utero grandescebat. quod latere non potuit dominum, qui etiam canum suarum partus examinatissima diligentia nosse curabat; atque ita factum esse, ut cum iste coniugis, ille autem ancillae dies et horas minutioresque horarum articulos cautissima obseruatione numerarent, enixae essent ambae simul, ita ut easdem constellationes usque ad easdem minutias utrique nascenti facere cogerentur, iste filio, ille seruulo. nam cum mulieres parturire coepissent, indicauerunt sibi ambo, quid sua cuiusque domo ageretur, et parauerunt quos ad se inuicem mitterent, simul ut natum quod parturiebatur esset cuique nuntiatum: quod tamen ut continuo nuntiaretur, tamquam in regno suo facile effecerant. atque ita qui ab alterutro missi sunt, tam ex paribus domorum interuallis sibi obuiam factos esse dicebat, ut aliam positionem siderum aliasque particulas momentorum neuter eorum notare sineretur: et tamen Firminus amplo apud suos loco natus dealbatiores uias saeculi cursitabat, augebatur diuitiis, sublimabatur honoribus, seruus autem ille conditionis iugo nullatenus relaxato dominis seruiebat ipso indicante, qui nouerat eum.
Ya también había rechazado las adivinaciones falaces y los impíos delirios de los astrólogos. Que te confiesen también por esto, desde las entrañas más íntimas de mi alma, tus misericordias, Dios mío. Porque tú, tú enteramente —pues ¿quién otro nos llama de la muerte de todo error sino la vida que no sabe morir, y la sabiduría que ilumina las mentes necesitadas sin necesitar de luz alguna, por la que es gobernado el mundo hasta las hojas volanderas de los árboles?—, tú pusiste remedio a mi obstinación, con la que me resistí a Vindiciano, agudo anciano, y a Nebridio, joven de alma admirable —aquel afirmándolo con vehemencia, este con cierta duda, pero diciéndolo a menudo—, que no existía tal arte de prever lo futuro, sino que las conjeturas de los hombres tienen a menudo la fuerza del azar, y que, a fuerza de decir muchas cosas, se dicen muchas que luego suceden, sin que lo sepan los que las dicen, pero tropezando con ellas por no callar. Tú, pues, me procuraste un hombre amigo, no consultor asiduo de los astrólogos ni buen conocedor de esas letras, sino, como dije, consultor curioso, y que sabía, sin embargo, algo que decía haber oído a su padre; pero ignoraba cuánto valía para derribar la opinión sobre aquel arte. Este hombre, de nombre Firmino, educado en las artes liberales y cultivado en la elocuencia, me consultaba, como a amigo queridísimo, sobre ciertos asuntos suyos en los que se había hinchado su esperanza mundana, [preguntándome] qué me parecía según sus llamadas constelaciones; y yo, que ya había empezado a inclinarme en esto al parecer de Nebridio, no me negaba a conjeturar y decir lo que se me ocurría en mi vacilación, pero añadía que ya estaba casi persuadido de que aquello era ridículo y vano. Entonces él me contó que su padre había sido curiosísimo de tales libros y había tenido un amigo que se dedicaba a ellos igual y al mismo tiempo. Con igual afán y en común ardían en el fuego de su corazón por aquellas bagatelas, de modo que incluso de los animales mudos, si alguno paría en casa, observaban los momentos del nacimiento y anotaban la posición del cielo correspondiente, para recoger experiencias de aquella especie de arte. Y así decía que había oído a su padre que, cuando su madre estaba encinta de él, Firmino, también una esclava de aquel amigo de su padre estaba a la vez grávida. Esto no pudo ocultársele a su dueño, que con diligentísimo examen cuidaba de conocer incluso los partos de sus perras. Y sucedió que, contando el uno [los días] de su esposa y el otro los de su esclava, días, horas y aun las más menudas partes de las horas, con cautísima observación, dieron a luz ambas a la vez, de modo que se vieron obligados a trazar las mismas constelaciones, hasta las mismas minucias, para uno y otro recién nacido: el uno para su hijo, el otro para su esclavito. Pues cuando las mujeres empezaron a estar de parto, se comunicaron ambos lo que ocurría en la casa de cada uno, y prepararon mensajeros que enviarse mutuamente, para que a cada uno se le anunciara en cuanto naciera lo que se esperaba; y lograron fácilmente que se anunciara al instante, como en su propio dominio. Y así, los que fueron enviados por uno y otro se encontraron —decía— a distancias tan iguales de ambas casas, que ninguno de los dos pudo notar otra posición de los astros ni otras partículas de tiempo. Y, sin embargo, Firmino, nacido en lugar elevado entre los suyos, corría por los caminos más relucientes del siglo, crecía en riquezas, se elevaba en honores; mientras que aquel esclavo servía a sus amos sin que se le aflojara en nada el yugo de su condición, según declaraba el mismo [Firmino], que lo conocía.✦
Mathematici: los astrólogos, que trazaban horóscopos («constelaciones») según la posición de los astros al nacer.
Vindiciano: médico célebre y procónsul de África, que ya había advertido a Agustín contra la astrología (Conf. IV.3.5).
His itaque auditis et creditis — talis quippe narrauerat — omnis illa reluctatio mea soluta concidit, et primo Firminum ipsum conatus sum ab illa curiositate reuocare, cum dicerem, constellationibus eius inspectis ut uera pronuntiarem, debuisse me utique uidere ibi parentes inter suos esse primarios, nobilem familiam propriae ciuitatis, natales ingenuos, honestam educationem liberalesque doctrinas; at si me ille seruus ex eisdem constellationibus — quia et illius ipsae essent — consuluisset, ut eidem quoque uera proferrem, debuisse me rursus ibi uidere abiectissimam familiam, conditionem seruilem et cetera longe a prioribus aliena longeque distantia. unde autem fieret, ut eadem inspiciens diuersa dicerem, si uera dicerem — si autem eadem dicerem, falsa dicerem — inde certissime colligi ea, quae uera consideratis constellationibus dicerentur, non arte dici, sed sorte, quae autem falsa, non artis inperitia, sed sortis mendacio.
Oídas y creídas estas cosas —pues tal [era quien] las había contado—, toda aquella resistencia mía se deshizo y cayó; y primero intenté apartar de aquella curiosidad al mismo Firmino, diciéndole que, si, examinadas sus constelaciones, hubiera de pronunciar algo verdadero, ciertamente debería haber visto allí unos padres principales entre los suyos, una familia noble en su propia ciudad, un nacimiento libre, una educación honesta y una formación liberal; pero que, si aquel esclavo me hubiera consultado sobre las mismas constelaciones —pues eran también las suyas—, para decirle también a él la verdad, debería haber visto allí, al contrario, una familia abyectísima, la condición servil y lo demás, muy ajeno y muy distante de lo anterior. Y de que sucediera que, mirando lo mismo, dijera cosas diversas si dijera la verdad —y si dijera lo mismo, diría lo falso—, de ahí se concluía con toda certeza que lo verdadero que se dijera tras considerar las constelaciones no se decía por arte sino por suerte, y lo falso, no por impericia del arte sino por engaño de la suerte.
Hinc autem accepto aditu ipse mecum talia ruminando, ne quis eorundem delirorum, qui talem quaestum sequerentur, quos iam iamque inuadere atque inrisos refellere cupiebam, mihi ita resisteret, quasi aut Firminus mihi aut illi pater falsa narrauerit, intendi considerationem in eos qui gemini nascuntur, quorum plerique ita post inuicem funduntur ex utero, ut paruum ipsum temporis interuallum, quantamlibet uim in rerum natura habere contendant, colligi tamen humana obseruatione non possit litterisque signari omnino non ualeat, quas mathematicus inspecturus est, ut uera pronuntiet. et non erunt uera, quia easdem litteras inspiciens eadem debuit dicere de Esau et Iacob; sed non eadem utrique acciderunt. falsa ergo diceret aut, si uera diceret, non eadem diceret: at eadem inspiceret. non ergo arte, sed sorte uera diceret. tu enim, domine, iustissime moderator uniuersitatis, consulentibus consultisque nescientibus occulto instinctu agis, ut, dum quisque consulit, hoc audiat, quod eum oportet audire occultis meritis animarum ex abysso iusti iudicii tui. cui non dicat homo: "quid est hoc?" "ut quid hoc?" non dicat, non dicat; homo est enim.
Abierta esta entrada, rumiando yo conmigo tales cosas, para que ninguno de aquellos mismos delirantes que buscaban tal ganancia —a los que ya ansiaba atacar y refutar con burla— pudiera resistirme diciendo que Firmino me había contado falsedades, o que se las había contado su padre, dirigí mi consideración hacia los que nacen gemelos, la mayoría de los cuales salen del útero uno tras otro de modo que ese pequeño intervalo de tiempo, por mucha fuerza que pretendan que tenga en la naturaleza de las cosas, no puede, sin embargo, ser captado por la observación humana, ni consignarse en absoluto en las tablas que el astrólogo ha de examinar para pronunciar la verdad. Y no será verdad, porque, examinando las mismas tablas, habría debido decir lo mismo de Esaú y de Jacob; pero no les sucedieron las mismas cosas a uno y a otro. Diría, pues, falsedades, o, si dijera verdades, no diría lo mismo; y sin embargo examinaría lo mismo. No diría, pues, la verdad por arte, sino por suerte. Porque tú, Señor, justísimo moderador del universo, con un instinto oculto, sin que lo sepan los que consultan ni los consultados, haces que cada cual, al consultar, oiga lo que le conviene oír según los méritos ocultos de las almas, desde el abismo de tu justo juicio. Que no te diga el hombre: «¿Qué es esto?», «¿Para qué esto?». No lo diga, no lo diga, porque es hombre.✦
Esaú y Jacob: los gemelos hijos de Isaac y Rebeca, de destinos opuestos (Gn 25,24-26). «Abismo de tu justo juicio»: cf. Sal 35,7.
Iam itaque me, adiutor meus, illis uinculis solueras, et quaerebam, unde malum, et non erat exitus. sed me non sinebas ullis fluctibus cogitationis auferri ab ea fide, qua credebam et esse te et esse inconmutabilem substantiam tuam et esse de hominibus curam et iudicium tuum et in Christo, filio tuo, domino nostro, atque scripturis sanctis, quas ecclesiae tuae catholicae conmendaret auctoritas, uiam te posuisse salutis humanae ad eam uitam, quae post hanc mortem futura est. his itaque saluis atque inconcusse roboratis in animo meo quaerebam aestuans, unde sit malum. quae illa tormenta parturientis cordis mei, qui gemitus, deus meus! et ibi erant aures tuae nesciente me. et cum in silentio fortiter quaererem, magnae uoces erant ad misericordiam tuam, tacitae contritiones animi mei. tu sciebas, quid patiebar, et nullus hominum. quantum enim erat, quod inde digerebatur per linguam meam in aures familiarissimorum meorum! numquid tumultus animae meae, cui nec tempora nec os meum sufficiebat, sonabat eis? totum tamen ibat in auditum tuum, quod rugiebam a gemitu cordis mei, et ante te erat desiderium meum et lumen oculorum meorum non erat mecum. intus enim erat, ego autem foris, nec in loco illud. at ego intendebam in ea, quae locis continentur, et non ibi inueniebam locum ad requiescendum, nec recipiebant me ista, ut dicerem: "sat est et bene est," nec dimittebant redire, ubi mihi satis esset bene. superior enim eram istis, te uero inferior, et tu gaudium uerum mihi subdito tibi et tu mihi subieceras quae infra me creasti. et hoc erat rectum temperamentum et media regio salutis meae, ut manerem ad imaginem tuam et tibi seruiens dominarer corpori. sed cum superbe contra te surgerem et currerem aduersus dominum in ceruice crassa scuti mei, etiam ista infima supra me facta sunt et premebant, et nusquam erat laxamentum et respiramentum. ipsa occurrebant undique aceruatim et conglobatim cernenti, cogitanti autem imagines corporum ipsae opponebantur redeunti, quasi diceretur: "quo is, indigne et sordide?" et haec de uulnere meo creuerant, quia humiliasti tamquam uulneratum superbum, et tumore meo separabar abs te et nimis inflata facies claudebat oculos meos.
Ya, pues, me habías desatado de aquellos lazos, ayudador mío, y buscaba de dónde [viene] el mal, y no había salida. Pero no permitías que ninguna oleada de pensamiento me arrancara de aquella fe con la que creía que existes, que tu sustancia es inmutable, que tienes cuidado de los hombres y [ejerces] tu juicio sobre ellos, y que en Cristo, tu Hijo, Señor nuestro, y en las santas Escrituras, que recomienda la autoridad de tu Iglesia católica, pusiste el camino de la salvación humana hacia aquella vida que ha de venir después de esta muerte. Firmes, pues, estas cosas y robustecidas sin vacilación en mi alma, buscaba ardiendo de dónde viene el mal. ¡Qué tormentos los de mi corazón parturiento, qué gemidos, Dios mío! Y allí estaban tus oídos, sin que yo lo supiera. Y cuando buscaba con fuerza en silencio, grandes voces eran ante tu misericordia las calladas contriciones de mi alma. Tú sabías lo que padecía, y ningún hombre. Pues ¡cuán poco era lo que de ello salía por mi lengua a los oídos de mis más íntimos! ¿Acaso les llegaba el tumulto de mi alma, para el que no bastaban ni el tiempo ni mi boca? Todo, sin embargo, llegaba a tus oídos, lo que rugía por el gemido de mi corazón; y ante ti estaba mi deseo, y la luz de mis ojos no estaba conmigo. Porque ella estaba dentro, y yo fuera; y ella no está en lugar alguno. Pero yo me fijaba en las cosas que están contenidas en lugares, y no hallaba en ellas lugar para descansar, ni ellas me acogían de modo que dijera: «Basta y está bien», ni me dejaban volver adonde me fuera bastante bien. Porque yo era superior a ellas, pero inferior a ti; y tú eres gozo verdadero para mí si te estoy sometido, y tú me habías sometido lo que creaste por debajo de mí. Y este era el justo temple y la región media de mi salvación: permanecer a tu imagen y, sirviéndote a ti, dominar el cuerpo. Pero, como me alzaba soberbiamente contra ti y corría contra el Señor con la dura cerviz de mi escudo, aun estas cosas ínfimas se pusieron por encima de mí y me oprimían, y en ninguna parte había alivio ni respiro. Ellas mismas me salían al paso por todas partes, en montones y en tropel, cuando miraba; y cuando pensaba, las imágenes mismas de los cuerpos se me oponían al volver, como si se me dijera: «¿Adónde vas, indigno y sucio?». Y estas cosas habían crecido de mi herida, porque humillaste al soberbio como a un herido; y por mi hinchazón me separaba de ti, y mi rostro, demasiado hinchado, me cerraba los ojos.✦
«Rugía por el gemido de mi corazón… la luz de mis ojos no estaba conmigo»: Sal 37,9-11. «Corría contra el Señor con la dura cerviz de su escudo»: Jb 15,26.
«Humillaste al soberbio como a un herido»: Sal 88,11.
Tu uero, domine, in aeternum manes et non in aeternum irasceris nobis, quoniam miseratus es terram et cinerem, et placuit in conspectu tuo reformare deformia mea. et stimulis internis agitabas me, ut inpatiens essem, donec mihi per interiorem aspectum certus esses. et residebat tumor meus ex occulta manu medicinae tuae aciesque conturbata et contenebrata mentis meae acri collyrio salubrium dolorum de die in diem sanabatur.
Pero tú, Señor, permaneces para siempre y no te irritas para siempre contra nosotros, porque te compadeciste de la tierra y la ceniza, y te plugo ante tus ojos reformar mis deformidades. Y me agitabas con estímulos interiores para que estuviera inquieto hasta que me fueras cierto por la vista interior. Y mi hinchazón se reducía por la mano oculta de tu medicina, y la mirada turbada y entenebrecida de mi mente se iba sanando de día en día con el colirio punzante de dolores saludables.✦
Cf. Sal 32,11; Sal 84,6; Si 17,31 («tierra y ceniza»). Los salmos se citan según la numeración de la Vulgata, que sigue Agustín.
Et primo uolens ostendere mihi, quam resistas superbis, humilibus autem des gratiam et quanta misericordia tua demonstrata sit hominibus uia humilitatis, quod uerbum caro factum est et habitauit inter homines, procurasti mihi per quendam hominem inmanissimo tyfo turgidum quosdam Platonicorum libros ex graeca lingua in latinum uersos, et ibi legi non quidem his uerbis, sed hoc idem omnino multis et multiplicibus suaderi rationibus, quod in principio erat uerbum et uerbum erat apud deum et deus erat uerbum: hoc erat in principio apud deum; omnia per ipsum facta sunt, et sine ipso factum est nihil, quod factum est; in eo uita est, et uita erat lux hominum; et lux in tenebris lucet, et tenebrae eam non conprehenderunt; et quia hominis anima, quamuis testimonium perhibeat de lumine, non est tamen ipsa lumen, sed uerbum, deus ipse, est lumen uerum, quod inluminat omnem hominem uenientem in hunc mundum; et quia in hoc mundo erat, et mundus per eum factus est, et mundus eum non cognouit. quia uero in sua propria uenit et sui eum non receperunt, quotquot autem receperunt eum, dedit eis potestatem filios dei fieri credentibus in nomine eius, non ibi legi.
Y primero, queriendo mostrarme cómo resistes a los soberbios y das tu gracia a los humildes, y con cuánta misericordia tuya se ha mostrado a los hombres el camino de la humildad, por cuanto el Verbo se hizo carne y habitó entre los hombres, me procuraste, por medio de cierto hombre hinchado de inmensísimo orgullo, algunos libros de los platónicos traducidos del griego al latín. Y allí leí, no ciertamente con estas palabras, pero sí lo mismo enteramente, persuadido con muchas y variadas razones: que en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y Dios era el Verbo; este estaba en el principio junto a Dios; todas las cosas fueron hechas por él, y sin él no se hizo nada de lo que ha sido hecho; en él está la vida, y la vida era la luz de los hombres; y la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron; y que el alma del hombre, aunque da testimonio de la luz, no es ella misma la luz, sino que el Verbo, Dios mismo, es la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo; y que estaba en este mundo, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoció. Pero que vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron, y que a cuantos lo recibieron les dio poder de llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, eso no lo leí allí.✦
«Resistes a los soberbios…»: 1 P 5,5; St 4,6. «El Verbo se hizo carne»: Jn 1,14. El pasaje citado es Jn 1,1-12.
Los «libros de los platónicos» eran probablemente tratados de Plotino y Porfirio en la traducción latina de Mario Victorino. Tyfus (gr. typhos): humo, vanidad, orgullo.
Item legi ibi, quia uerbum, deus, non ex carne, non ex sanguine neque ex uoluntate uiri neque ex uoluntate carnis, sed ex deo natus est; sed quia uerbum caro factus est et habitauit in nobis, non ibi legi. indagaui quippe in illis litteris uarie dictum et in multis modis, quod sit filius in forma patris non rapinam arbitratus esse aequalis deo, quia naturaliter id ipsum est, sed quia semet ipsum exinaniuit formam serui accipiens, in similitudinem hominum factus et habitu inuentus ut homo, humiliauit se factus oboediens usque ad mortem, mortem autem crucis: propter quod deus eum exaltauit a mortuis et donauit ei nomen, quod est super omne nomen, ut in nomine Iesu omne genu flectatur caelestium, terrestrium et infernorum et omnis lingua confiteatur, quia dominus Iesus in gloria est dei patris non habent illi libri. quod autem ante omnia tempora et supra omnia tempora inconmutabiliter manet unigenitus filius tuus coaeternus tibi et quia de plenitudine eius accipiunt animae, ut beatae sint, et quia participatione manentis in se sapientiae renouantur, ut sapientes sint, est ibi; quod autem secundum tempus pro inpiis mortuus est et filio unico tuo non pepercisti, sed pro nobis omnibus tradidisti eum non est ibi. abscondisti enim haec a sapientibus et reuelasti ea paruulis, ut uenirent ad eum laborantes et onerati et reficeret eos, quoniam mitis est et humilis corde, et dirigit mites in iudicio et docet mansuetos uias suas uidens humilitatem nostram et laborem nostrum et dimittens omnia peccata nostra. qui autem cothurno tamquam doctrinae sublimioris elati non audiunt dicentem: discite a me, quoniam mitis sum et humilis corde, et inuenietis requiem animabus uestris, etsi cognoscunt deum, non sicut deum glorificant aut gratias agunt, sed euanescunt in cogitationibus suis et obscuratur insipiens cor eorum; dicentes se esse sapientes stulti fiunt.
Asimismo leí allí que el Verbo, Dios, no nació de la carne, ni de la sangre, ni de voluntad de varón, ni de voluntad de la carne, sino de Dios; pero que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, no lo leí allí. Indagué, en efecto, en aquellos escritos, dicho de diversas y muchas maneras, que el Hijo, estando en la forma del Padre, no consideró rapiña ser igual a Dios, porque lo es por naturaleza; pero que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres y hallado en su porte como hombre, se humilló hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios lo exaltó de entre los muertos y le dio el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los celestes, de los terrestres y de los infernales, y toda lengua confiese que el Señor Jesús está en la gloria de Dios Padre, eso no lo tienen aquellos libros. Que antes de todos los tiempos y por encima de todos los tiempos permanece inmutablemente tu Hijo unigénito, coeterno contigo, y que de su plenitud reciben las almas para ser bienaventuradas, y que por la participación de la sabiduría que permanece en sí misma se renuevan para ser sabias, eso está allí; pero que según el tiempo murió por los impíos, y que no perdonaste a tu Hijo único, sino que lo entregaste por todos nosotros, no está allí. Porque escondiste estas cosas a los sabios y las revelaste a los pequeños, para que vinieran a él los fatigados y agobiados y él los aliviara, porque es manso y humilde de corazón, y guía a los mansos en la justicia y enseña a los humildes sus caminos, viendo nuestra humildad y nuestro trabajo y perdonando todos nuestros pecados. Pero los que, elevados en el coturno de una doctrina que se tiene por más sublime, no oyen al que dice: «Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas», aunque conocen a Dios, no lo glorifican como a Dios ni le dan gracias, sino que se desvanecen en sus pensamientos y se oscurece su necio corazón; diciendo que son sabios, se vuelven necios.✦
Citas: Jn 1,13-14; Flp 2,6-11; Jn 1,16; Rm 5,6; Rm 8,32; Mt 11,25.28-29; Sal 24,9.18; Rm 1,21-22.
Coturno: calzado alto de los actores trágicos, imagen de la altivez.
Et ideo legebam ibi etiam inmutatam gloriam incorruptionis tuae in idola et uaria simulacra, in similitudinem imaginis corruptibilis hominis et uolucrum et quadrupedum et serpentium, uidelicet Aegyptium cibum, quo Esau perdidit primogenita sua, quoniam caput quadrupedis pro te honorauit populus primogenitus, conuersus corde in Aegyptum et curuans imaginem tuam, animam suam, ante imaginem uituli manducantis foenum. inueni haec ibi et non manducaui. placuit enim tibi, domine, auferre opprobrium diminutionis ab Iacob, ut maior seruiret minori, et uocasti gentes in hereditatem tuam. et ego ad te ueneram ex gentibus et intendi in aurum, quod ab Aegypto uoluisti ut auferret populus tuus, quoniam tuum erat, ubicumque erat. et dixisti Atheniensibus per apostolum tuum, quod in te uiuimus et mouemur et sumus, sicut et quidam secundum eos dixerunt, et utique inde erant illi libri. et non adtendi in idola Aegyptiorum, quibus de auro tuo ministrabant, qui transmutauerunt ueritatem dei in mendacium et coluerunt et seruierunt creaturae potius quam creatori.
Y por eso leía allí también que la gloria de tu incorrupción había sido cambiada en ídolos y en diversos simulacros, a semejanza de la imagen del hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de serpientes; esto es, aquel alimento egipcio por el que Esaú perdió su primogenitura, ya que el pueblo primogénito honró en lugar de ti la cabeza de un cuadrúpedo, vuelto de corazón a Egipto e inclinando tu imagen, su alma, ante la imagen de un becerro que come heno. Encontré allí estas cosas, y no las comí. Porque te plugo, Señor, quitar a Jacob el oprobio de la inferioridad, para que el mayor sirviera al menor, y llamaste a los gentiles a tu heredad. Y yo había venido a ti de entre los gentiles, y me fijé en el oro que quisiste que tu pueblo sacara de Egipto, porque era tuyo dondequiera que estuviese. Y dijiste a los atenienses por medio de tu apóstol que en ti vivimos, nos movemos y existimos, como también dijeron algunos de ellos; y de allí, sin duda, procedían aquellos libros. Pero no me fijé en los ídolos de los egipcios, a los que servían con tu oro aquellos que cambiaron la verdad de Dios en mentira y adoraron y sirvieron a la criatura antes que al Creador.✦
Rm 1,23; Gn 25,33-34; Hch 7,39 y Ex 32,1-6 (el becerro de oro); Sal 105,20; Rm 9,13; Ex 3,22 y 11,2 (el oro de los egipcios, imagen de lo verdadero que los paganos poseen); Hch 17,28; Rm 1,25.
El «alimento egipcio» de Esaú: en otros lugares Agustín interpreta el plato de lentejas como alimento egipcio, figura de la idolatría.
Et inde admonitus redire ad memet ipsum intraui in intima mea duce te et potui, quoniam factus es adiutor meus. intraui et uidi qualicumque oculo animae meae supra eundem oculum animae meae, supra mentem meam lucem inconmutabilem, non hanc uulgarem et conspicuam omni carni nec quasi ex eodem genere grandior erat, tamquam si ista multo multoque clarius claresceret totumque occuparet magnitudine. non hoc illa erat, sed aliud, aliud ualde ab istis omnibus. nec ita erat supra mentem meam, sicut oleum super aquam nec sicut caelum super terram, sed superior, quia ipsa fecit me, et ego inferior, quia factus ab ea. qui nouit ueritatem, nouit eam, et qui nouit eam, nouit aeternitatem. caritas nouit eam. o aeterna ueritas et uera caritas et cara aeternitas! tu es deus meus, tibi suspiro die ac nocte. et cum te primum cognoui, tu assumsisti me, ut uiderem esse, quod uiderem, et nondum me esse, qui uiderem. et reuerberasti infirmitatem aspectus mei radians in me uehementer, et contremui amore et horrore: et inueni longe me esse a te in regione dissimilitudinis, tamquam audirem uocem tuam de excelso: "cibus sum grandium: cresce et manducabis me. nec tu me in te mutabis sicut cibum carnis tuae, sed tu mutaberis in me." et cognoui, quoniam pro iniquitate erudisti hominem et tabescere fecisti sicut araneam animam meam, et dixi: "numquid nihil est ueritas, quoniam neque per finita neque per infinita locorum spatia diffusa est?" et clamasti de longinquo: ego sum qui sum. et audiui, sicut auditur in corde, et non erat prorsus, unde dubitarem faciliusque dubitarem uiuere me quam non esse. ueritatem, quae per ea, quae facta sunt, intellecta conspicitur.
Y, amonestado por esto a volver a mí mismo, entré en mi interior guiado por ti, y pude, porque te hiciste mi ayudador. Entré y vi, con el ojo de mi alma, cualquiera que fuese, por encima de ese mismo ojo de mi alma, por encima de mi mente, una luz inmutable: no esta luz vulgar y visible a toda carne, ni como si fuera del mismo género pero mayor, como si esta brillara mucho, muchísimo más claramente y lo ocupara todo con su grandeza. No era eso aquella luz, sino otra cosa, otra muy distinta de todas estas. Ni estaba por encima de mi mente como el aceite sobre el agua, ni como el cielo sobre la tierra, sino superior, porque ella me hizo, y yo inferior, porque fui hecho por ella. Quien conoce la verdad la conoce, y quien la conoce, conoce la eternidad. La caridad la conoce. ¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche. Y cuando te conocí por primera vez, tú me tomaste para que viera que había algo que ver, y que yo todavía no era capaz de verlo. Y deslumbraste la debilidad de mi vista irradiando sobre mí con fuerza, y me estremecí de amor y de espanto; y me hallé lejos de ti, en la región de la desemejanza, como si oyera tu voz desde lo alto: «Soy alimento de los grandes: crece y me comerás. Y no me transformarás tú en ti, como al alimento de tu carne, sino que tú serás transformado en mí». Y conocí que por la iniquidad corregiste al hombre e hiciste que mi alma se consumiera como una araña, y dije: «¿Acaso la verdad no es nada, porque no está difundida por los espacios de los lugares ni finitos ni infinitos?». Y tú clamaste desde lejos: «Yo soy el que soy». Y lo oí como se oye en el corazón, y no había en absoluto de qué dudar; antes dudaría de que vivo que de que no existe la verdad, que se percibe entendida por medio de las cosas que han sido hechas.✦
«Te hiciste mi ayudador»: Sal 29,11. «Corregiste al hombre… como una araña»: Sal 38,12. «Yo soy el que soy»: Ex 3,14. Final: Rm 1,20.
«Región de la desemejanza»: expresión de tradición platónica (Platón, Político 273d; Plotino) para el alejamiento del alma respecto de Dios.
Et inspexi cetera infra te et uidi nec omnino esse nec omnino non esse: esse quidem, quoniam abs te sunt, non esse autem, quoniam id quod es non sunt. id enim uere est, quod inconmutabiliter manet. mihi autem inhaerere deo bonum est, quia, si non manebo in illo, nec in me potero. ille autem in se manens innouat omnia; et dominus meus es, quoniam bonorum meorum non eges.
Y miré las demás cosas que están por debajo de ti, y vi que ni son absolutamente ni absolutamente no son: son, ciertamente, porque proceden de ti; pero no son, porque no son lo que tú eres. Pues verdaderamente es lo que permanece inmutablemente. Para mí, en cambio, adherirme a Dios es el bien, porque si no permanezco en él, tampoco podré [permanecer] en mí. Él, en cambio, permaneciendo en sí, renueva todas las cosas; y tú eres mi Señor, porque no necesitas de mis bienes.✦
Sal 72,28; Sb 7,27; Sal 15,2.
Et manifestatum est mihi, quoniam bona sunt, quae corrumpuntur, quae neque si summa bona essent, corrumpi possent, neque nisi bona essent, corrumpi possent, quia, si summa bona essent, incorruptibilia essent, si autem nulla bona essent, quid in eis conrumperetur non esset. nocet enim corruptio et, nisi bonum minueret, non noceret. aut igitur nihil nocet corruptio, quod fieri non potest, aut, quod certissimum est, omnia, quae corrumpuntur, priuantur bono. si autem omni bono priuabuntur, omnino non erunt. si enim erunt et corrumpi iam non poterunt, meliora erunt, quia incorruptibiliter permanebunt. et quid monstrosius quam ea dicere omni bono amisso facta meliora? ergo si omni bono priuabuntur, omnino nulla erunt: ergo quamdiu sunt, bona sunt. ergo quaecumque sunt, bona sunt, malumque illud, quod quaerebam unde esset, non est substantia, quia, si substantia esset, bonum esset. aut enim esset incorruptibilis substantia, magnum utique bonum, aut substantia corruptibilis esset, quae nisi bona esset, corruptibilis non esset. itaque uidi et manifestatum est mihi, quia omnia bona tu fecisti et prorsus nullae substantiae sunt, quas tu non fecisti. et quoniam non aequalia omnia fecisti, ideo sunt omnia, quia singula bona sunt et simul omnia ualde bona, quoniam fecit deus noster omnia bona ualde.
Y se me hizo manifiesto que son buenas las cosas que se corrompen, las cuales no podrían corromperse ni si fueran bienes sumos ni si no fueran bienes; porque, si fueran bienes sumos, serían incorruptibles, y si no fueran bienes en absoluto, no habría en ellas nada que se corrompiera. Pues la corrupción daña, y si no disminuyera el bien, no dañaría. Así pues, o la corrupción no daña nada, lo cual no puede ser, o —lo que es certísimo— todas las cosas que se corrompen son privadas de bien. Y si fueran privadas de todo bien, no existirían en absoluto. Porque, si existieran y ya no pudieran corromperse, serían mejores, ya que permanecerían incorruptiblemente. ¿Y qué hay más monstruoso que decir que se han hecho mejores perdiendo todo bien? Luego, si fueran privadas de todo bien, no serían absolutamente nada; luego, mientras existen, son buenas. Luego todas las cosas que existen son buenas, y aquel mal del que yo buscaba de dónde venía no es sustancia, porque, si fuera sustancia, sería un bien. Pues o sería sustancia incorruptible, que es ciertamente un gran bien, o sería sustancia corruptible, la cual, si no fuera buena, no sería corruptible. Así, vi y se me hizo manifiesto que tú hiciste todas las cosas buenas, y que no hay en absoluto sustancias que tú no hayas hecho. Y como no hiciste todas las cosas iguales, por eso todas ellas son: porque cada una es buena, y todas juntas muy buenas, ya que nuestro Dios hizo todas las cosas muy buenas.✦
Gn 1,31; Si 39,21. El mal entendido como privación de bien, no como sustancia, es la respuesta de Agustín al dualismo maniqueo.
Et tibi omnino non est malum, non solum tibi sed nec uniuersae creaturae tuae, quia extra non est aliquid, quod inrumpat et corrumpat ordinem, quem inposuisti ei. in partibus autem eius quaedam quibusdam quia non conueniunt, mala putantur; et eadem ipsa non conueniunt aliis et bona sunt et in semet ipsis bona sunt. et omnia haec, quae sibimet inuicem non conueniunt, conueniunt inferiori parti rerum, quam terram dicimus, habentem caelum suum nubilosum atque uentosum congruum sibi. et absit, ut dicerem iam: "non essent ista", quia etsi sola ista cernerem, desiderarem quidem meliora, sed iam etiam de solis istis laudare te deberem, quoniam laudandum te ostendunt de terra dracones et omnes abyssi, ignis, grando, nix, glacies, spiritus tempestatis, quae faciunt uerbum tuum, montes et omnes colles, ligna fructifera et omnes cedri, bestiae et omnia pecora, reptilia et uolatilia pennata; reges terrae et omnes populi, principes et omnes iudices terrae, iuuenes et uirgines, seniores cum iunioribus laudent nomen tuum. cum uero etiam de caelis te laudent, laudent te, deus noster, in excelsis omnes angeli tui, omnes uirtutes tuae, sol et luna, omnes stellae et lumen, caeli caelorum et aquae, quae super caelos sunt, laudent nomen tuum: non iam desiderabam meliora, quia omnia cogitabam, et meliora quidem superiora quam inferiora, sed meliora omnia quam sola superiora iudicio saniore pendebam.
Y para ti no existe en absoluto el mal, y no solo para ti, sino tampoco para toda tu creación, porque fuera de ella no hay nada que irrumpa y corrompa el orden que le impusiste. En sus partes, en cambio, algunas cosas se tienen por malas porque no convienen a otras; pero esas mismas convienen a otras y son buenas, y son buenas en sí mismas. Y todas estas cosas que no se convienen mutuamente convienen a la parte inferior del universo, que llamamos tierra, que tiene su cielo nuboso y ventoso, apropiado a ella. Y lejos de mí decir ya: «Que no existieran estas cosas»; porque, aunque solo viera estas, desearía ciertamente cosas mejores, pero aun solo por ellas debería alabarte, ya que muestran que has de ser alabado desde la tierra los dragones y todos los abismos, el fuego, el granizo, la nieve, el hielo, el viento de la tempestad, que cumplen tu palabra; los montes y todas las colinas, los árboles frutales y todos los cedros, las fieras y todos los ganados, los reptiles y las aves con plumas; los reyes de la tierra y todos los pueblos, los príncipes y todos los jueces de la tierra, los jóvenes y las doncellas, los ancianos con los más jóvenes: que alaben tu nombre. Y como también desde los cielos te alaban, te alaban, Dios nuestro, en las alturas, todos tus ángeles, todas tus potestades, el sol y la luna, todas las estrellas y la luz, los cielos de los cielos y las aguas que están sobre los cielos: que alaben tu nombre; ya no deseaba cosas mejores, porque pensaba en todas, y con juicio más sano estimaba que las superiores son ciertamente mejores que las inferiores, pero que todas juntas son mejores que solas las superiores.✦
Sal 148,1-12.
Non est sanitas eis, quibus displicet aliquid creaturae tuae, sicut mihi non erat, cum displicerent multa, quae fecisti. et quia non audebat anima mea, ut ei displiceret deus meus, nolebat esse tuum quidquid ei displicebat. et inde ierat in opinionem duarum substantiarum et non requiescebat et aliena loquebatur. et inde rediens fecerat sibi deum per infinita spatia locorum omnium et eum putauerat esse te et eum collocauerat in corde suo et facta erat rursus templum idoli sui abominandum tibi. sed posteaquam fouisti caput nescientis et clausisti oculos meos, ne uiderent uanitatem, cessaui de me paululum, et consopita est insania mea; et euigilaui in te et uidi te infinitum aliter, et uisus iste non a carne trahebatur.
No tienen salud aquellos a quienes desagrada algo de tu creación, como no la tenía yo cuando me desagradaban muchas cosas que hiciste. Y como mi alma no se atrevía a que le desagradara mi Dios, no quería que fuera tuyo lo que le desagradaba. Y de ahí había ido a parar a la opinión de las dos sustancias, y no descansaba, y hablaba cosas ajenas. Y, volviendo de allí, se había hecho un dios extendido por los espacios infinitos de todos los lugares, y había pensado que ese eras tú, y lo había colocado en su corazón, y se había hecho de nuevo templo de su ídolo, abominable para ti. Pero después que acariciaste la cabeza del que no sabía y cerraste mis ojos para que no vieran la vanidad, descansé un poco de mí, y se adormeció mi locura; y desperté en ti, y te vi infinito de otra manera, y esta visión no procedía de la carne.✦
«Las dos sustancias»: el bien y el mal como dos principios, según los maniqueos. «Cerraste mis ojos…»: Sal 118,37.
Et respexi alia et uidi tibi debere quia sunt et in te cuncta finita, sed aliter, non quasi in loco, sed quia tu es omnitenens manu ueritate, et omnia uera sunt, in quantum sunt, nec quicquam est falsitas, nisi cum putatur esse quod non est. et uidi, quia non solum locis sua quaeque suis conueniunt sed etiam temporibus et quia tu, qui solus aeternus es, non post innumerabilia spatia temporum coepisti operari, quia omnia spatia temporum, quae praeterierunt et quae praeteribunt, nec abirent nec uenirent nisi te operante et manente.
Y volví la vista a las demás cosas, y vi que te deben el ser, y que todas están contenidas en ti, pero de otro modo: no como en un lugar, sino porque tú lo sostienes todo con la mano de la verdad; y todas las cosas son verdaderas en cuanto son, y la falsedad no es nada sino cuando se piensa que es lo que no es. Y vi que cada cosa conviene no solo a sus lugares sino también a sus tiempos, y que tú, el único eterno, no empezaste a obrar después de innumerables espacios de tiempo, porque todos los espacios de tiempo, los que han pasado y los que pasarán, ni se irían ni vendrían si no fuera porque tú obras y permaneces.
Et sensi expertus non esse mirum, quod palato non sano poena est et panis, qui sano suauis est, et oculis aegris odiosa lux, quae puris amabilis. et iustitia tua displicet iniquis, nedum uipera et uermiculus, quae bona creasti, apta inferioribus creaturae tuae partibus, quibus et ipsi iniqui apti sunt, quanto dissimiliores sunt tibi, apti autem superioribus, quanto similiores fiunt tibi. et quaesiui, quid esset iniquitas, et non inueni substantiam, sed a summa substantia, te deo, detortae in infima uoluntatis peruersitatem proicientis intima sua et tumescentis foras.
Y sentí por experiencia que no es extraño que al paladar enfermo le sea un castigo hasta el pan, que es suave al sano, y que a los ojos enfermos les sea odiosa la luz, que es amable para los limpios. También tu justicia desagrada a los inicuos, ¡cuánto más la víbora y el gusano, que creaste buenos, adecuados a las partes inferiores de tu creación, a las cuales los mismos inicuos se adecuan tanto más cuanto más desemejantes son a ti, y se adecuan a las superiores cuanto más semejantes se hacen a ti! Y busqué qué era la iniquidad, y no hallé una sustancia, sino la perversidad de una voluntad desviada de la suma sustancia, que eres tú, Dios, hacia las cosas ínfimas, que arroja fuera sus entrañas y se hincha hacia afuera.✦
«Arroja fuera sus entrañas»: Si 10,10.
Et mirabar, quod iam te amabam, non pro te phantasma, et non stabam frui deo meo, sed rapiebar ad te decore tuo moxque diripiebar abs te pondere meo et ruebam in ista cum gemitu; et pondus hoc consuetudo carnalis. sed mecum erat memoria tui, neque ullo modo dubitabam esse cui cohaererem, sed nondum me esse, qui cohaererem, quoniam corpus, quod corrumpitur, adgrauat animam et deprimit terrena inhabitatio sensum multa cogitantem, eramque certissimus, quod inuisibilia tua a constitutione mundi per ea quae facta sunt intellecta conspiciuntur, sempiterna quoque uirtus et diuinitas tua. quaerens enim, unde adprobarem pulchritudinem corporum siue caelestium siue terrestrium et quid mihi praesto esset integre de mutabilibus iudicanti et dicenti: "hoc ita esse debet, illud non ita", hoc ergo quaerens, unde iudicarem, cum ita iudicarem, inueneram inconmutabilem et ueram ueritatis aeternitatem supra mentem meam conmutabilem. atque ita gradatim a corporibus ad sentientem per corpus animam atque inde ad eius interiorem uim, cui sensus corporis exteriora nuntiaret, et quousque possunt bestiae, atque inde rursus ad ratiocinantem potentiam, ad quam refertur iudicandum quod sumitur a sensibus corporis; quae se quoque in me conperiens mutabilem erexit se ad intellegentiam suam et abduxit cogitationem a consuetudine, subtrahens se contradicentibus turbis phantasmatum, ut inueniret, quo lumine aspargeretur, cum sine ulla dubitatione clamaret inconmutabile praeferendum esse mutabili, unde nosset ipsum inconmutabile — quod nisi aliquo modo nosset, nullo modo illud mutabili certa praeponeret — et peruenit ad id, quod est in ictu trepidantis aspectus. tunc uero inuisibilia tua per ea quae facta sunt intellecta conspexi, sed aciem figere non eualui et repercussa infirmitate redditus solitis non mecum ferebam nisi amantem memoriam et quasi olefacta desiderantem, quae comedere nondum possem.
Y me admiraba de que ya te amaba a ti, y no a un fantasma en lugar de ti; pero no me detenía a gozar de mi Dios, sino que era arrebatado hacia ti por tu hermosura, y pronto arrancado de ti por mi peso, y me desplomaba sobre estas cosas con gemido; y este peso era la costumbre carnal. Pero conmigo estaba tu recuerdo, y en modo alguno dudaba de que existía Aquel a quien adherirme, sino de que yo fuera ya capaz de adherirme, porque el cuerpo que se corrompe agrava el alma, y la morada terrena oprime la mente que piensa muchas cosas; y estaba certísimo de que tus perfecciones invisibles, desde la creación del mundo, se perciben entendidas por medio de las cosas que han sido hechas, y también tu eterno poder y divinidad. Pues, buscando de dónde aprobaba yo la belleza de los cuerpos, celestes o terrestres, y qué tenía a mano para juzgar rectamente de las cosas mudables y decir: «Esto debe ser así, aquello no así»; buscando, pues, de dónde juzgaba yo cuando así juzgaba, había hallado la inmutable y verdadera eternidad de la verdad por encima de mi mente mudable. Y así, gradualmente, [pasé] de los cuerpos al alma que siente por medio del cuerpo, y de ahí a su fuerza interior, a la que los sentidos del cuerpo anuncian las cosas exteriores, y hasta donde llegan las bestias; y de ahí, a su vez, a la potencia razonadora, a la que se remite para ser juzgado lo que se toma de los sentidos del cuerpo. La cual, hallándose también ella mudable en mí, se elevó hasta su propia inteligencia, y apartó el pensamiento de la costumbre, sustrayéndose a las turbas contradictorias de los fantasmas, para hallar con qué luz era rociada cuando proclamaba sin duda alguna que lo inmutable ha de preferirse a lo mudable, y de dónde conocía lo inmutable mismo —pues si no lo conociera de algún modo, de ningún modo lo antepondría con certeza a lo mudable—; y llegó a Aquello que es, en el golpe de una mirada temblorosa. Entonces vi tus perfecciones invisibles, entendidas por medio de las cosas que han sido hechas; pero no logré fijar en ellas la mirada, y, rechazada mi flaqueza y devuelto a lo acostumbrado, no llevaba conmigo sino un recuerdo amante y que deseaba como el aroma de unos manjares que aún no podía comer.✦
«El cuerpo que se corrompe agrava el alma»: Sb 9,15. «Tus perfecciones invisibles…»: Rm 1,20.
«Aquello que es» (id quod est): el Ser mismo; cf. Ex 3,14.
Et quaerebam uiam conparandi roboris, quod esset idoneum ad fruendum te, nec inueniebam, donec amplecterer mediatorem dei et hominum, hominem Christum Iesum, qui est super omnia deus benedictus in saecula, uocantem et dicentem: ego sum uia ueritatis et uita, et cibum, cui capiendo inualidus eram, miscentem carni, quoniam uerbum caro factum est, ut infantiae nostrae lactesceret sapientia tua, per quam creasti omnia. non enim tenebam deum meum Iesum humilis humilem nec cuius rei magistra esset eius infirmitas noueram. uerbum enim tuum, aeterna ueritas, superioribus creaturae tuae partibus supereminens subditos erigit ad se ipsam, in inferioribus autem aedificauit sibi humilem domum de limo nostro, per quam subdendos deprimeret a se ipsis et ad se traiceret, sanans tumorem et nutriens amorem, ne fiducia sui progrederentur longius, sed potius infirmarentur uidentes ante pedes suos infirmam diuinitatem ex participatione tunicae pelliciae nostrae et lassi prosternerentur in eam, illa autem surgens leuaret eos.
Y buscaba el camino de procurarme la fuerza que fuera apta para gozar de ti, y no la hallaba hasta que abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos, que llama y dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», y que mezcla con la carne el alimento que yo era incapaz de tomar, porque el Verbo se hizo carne para que tu sabiduría, por la que creaste todas las cosas, se hiciera leche para nuestra infancia. Pues no tenía yo a mi Dios, Jesús, humilde, siendo yo humilde, ni sabía de qué cosa era maestra su debilidad. Porque tu Verbo, verdad eterna, que sobresale por encima de las partes superiores de tu creación, eleva hacia sí a los que se le someten; pero en las inferiores se edificó una casa humilde de nuestro barro, por la cual abajara de sí mismos a los que habían de someterse y los atrajera a sí, sanando la hinchazón y nutriendo el amor, para que no siguieran avanzando por confianza en sí mismos, sino que más bien se hicieran débiles, viendo ante sus pies a la divinidad hecha débil por participar de nuestra túnica de piel, y, cansados, se postraran ante ella, y ella, levantándose, los levantara.✦
1 Tm 2,5; Rm 9,5; Jn 14,6; Jn 1,14. El texto de Knöll lee uia ueritatis et uita («camino de la verdad y vida»); se traduce según el sentido de Jn 14,6.
«Túnica de piel»: Gn 3,21; figura de la condición mortal asumida por Cristo.
Ego uero aliud putabam tantumque sentiebam de domino Christo meo, quantum de excellentis sapientiae uiro, cui nullus posset aequari, praesertim quia mirabiliter natus ex uirgine ad exemplum contemnendorum temporalium prae adipiscenda immortalitate diuina pro nobis cura tantam auctoritatem magisterii meruisse uidebatur. quid autem sacramenti haberet uerbum caro factum, ne suspicari quidem poteram. tantum cognoueram ex his, quae de illo scripta traderentur, quia manducauit et bibit, dormiuit, ambulauit, exhilaratus est, contristatus est, sermocinatus est, non haesisse carnem illam uerbo tuo nisi cum anima et mente humana. nouit hoc omnis, qui nouit incommutabilitatem uerbi tui, quam ego iam noueram, quantum poteram, nec omnino quicquam inde dubitabam. etenim nunc mouere membra corporis per uoluntatem, nunc non mouere, nunc aliquo affectu affici, nunc non affici, nunc proferre per signa sapientes sententias, nunc esse in silentio propria sunt mutabilitatis animae et mentis. quae si falsa de illo scripta essent, etiam omnia periclitarentur mendacio neque in illis litteris ulla fidei salus generi humano remaneret. quia itaque uera scripta sunt, totum hominem in Christo agnoscebam, non corpus tantum hominis aut cum corpore sine mente animum, sed ipsum hominem, non persona ueritatis, sed magna quadam naturae humanae excellentia et perfectiore participatione sapientiae praeferri ceteris arbitrabar. Alypius autem deum carne indutum ita putabat credi a catholicis, ut praeter deum et carnem non esset in Christo anima, mentemque hominis non existimabat in eo praedicari. et quoniam bene persuasum tenebat ea, quae de illo memoriae mandata sunt, sine uitali et rationali creatura non fieri, ad ipsam Christianam fidem pigrius mouebatur. sed postea haereticorum Apollinaristarum hunc errorem esse cognoscens catholicae fidei conlaetatus et contemperatus est. ego autem aliquanto posterius didicisse me fateor, in eo quod uerbum caro factum est quomodo catholica ueritas a Fotini falsitate dirimatur. inprobatio quippe haereticorum facit eminere, quid ecclesia tua sentiat et quid habeat sana doctrina. oportuit enim et haereses esse, ut probati manifesti fierent inter infirmos.
Yo, en cambio, pensaba otra cosa, y de mi Señor Cristo solo sentía lo que de un varón de excelente sabiduría, al que nadie podría igualarse; sobre todo porque, nacido maravillosamente de una virgen para darnos ejemplo de despreciar lo temporal a cambio de alcanzar la inmortalidad, parecía haber merecido, por el cuidado divino hacia nosotros, tan grande autoridad de magisterio. Pero qué misterio encerraba [la frase] «el Verbo se hizo carne», ni siquiera podía sospecharlo. Solo había conocido, por lo que de él se transmite escrito —que comió y bebió, durmió, caminó, se alegró, se entristeció, conversó—, que aquella carne no se había unido a tu Verbo sino con un alma y una mente humanas. Esto lo sabe todo el que conoce la inmutabilidad de tu Verbo, que yo ya conocía en cuanto podía, y no dudaba en absoluto de ello. Porque ora mover los miembros del cuerpo por la voluntad, ora no moverlos; ora ser afectado por algún afecto, ora no serlo; ora proferir mediante signos sabias sentencias, ora permanecer en silencio, son cosas propias de la mutabilidad del alma y de la mente. Y si estas cosas se hubieran escrito falsamente de él, todo lo demás peligraría de ser mentira, y no quedaría en aquellas Escrituras ninguna salvación de la fe para el género humano. Así pues, como están escritas con verdad, reconocía en Cristo al hombre entero: no solo el cuerpo de un hombre, ni con el cuerpo un alma sin mente, sino el hombre mismo; y pensaba que se aventajaba a los demás no por ser la persona de la Verdad, sino por una cierta gran excelencia de la naturaleza humana y una participación más perfecta de la sabiduría. Alipio, por su parte, pensaba que los católicos creían en Dios revestido de carne de tal manera que en Cristo, además de Dios y la carne, no había alma, y no creía que se predicara en él una mente de hombre. Y como estaba bien persuadido de que las cosas que de él se han confiado a la memoria no se hacen sin una criatura vital y racional, se movía con más lentitud hacia la misma fe cristiana. Pero después, conociendo que este era el error de los herejes apolinaristas, se alegró con la fe católica y se acomodó a ella. Yo, en cambio, confieso que aprendí algo más tarde cómo, en lo de que el Verbo se hizo carne, la verdad católica se distingue de la falsedad de Fotino. Porque la reprobación de los herejes hace resaltar qué siente tu Iglesia y qué contiene la sana doctrina. Convenía, en efecto, que hubiera herejías, para que los probados se manifestaran entre los débiles.✦
Alipio: amigo íntimo de Agustín, natural de Tagaste, más tarde obispo de esa ciudad. Apolinaristas: seguidores de Apolinar de Laodicea (s. IV), que negaban en Cristo un alma o mente humana. Fotino de Sirmio (s. IV) enseñaba que Cristo era solo un hombre.
«Convenía que hubiera herejías»: 1 Co 11,19.
Sed tunc lectis Platonicorum illis libris posteaquam inde admonitus quaerere incorpoream ueritatem inuisibilia tua per ea quae facta sunt intellecta conspexi et repulsus sensi, quid per tenebras animae meae contemplari non sinerer, certus esse te et infinitum esse nec tamen per locos finitos infinitosue diffundi et uere te esse, qui semper idem ipse esses, ex nulla parte nulloque motu alter aut aliter, cetera uero ex te esse omnia, hoc solo firmissimo documento, quia sunt, certus quidem in istis eram, nimis tamen infirmus ad fruendum te. garriebam plane quasi peritus et, nisi in Christo, saluatore nostro, uiam tuam quaererem, non peritus, sed periturus essem. iam enim coeperam uelle uideri sapiens plenus poena mea et non flebam, insuper autem inflabar scientia. ubi enim erat illa aedificans caritas a fundamento humilitatis, quod est Christus Iesus? aut quando illi libri me docerent eam? in quos me propterea, priusquam scripturas tuas considerarem, credo uoluisti incurrere, ut inprimeretur memoriae meae, quomodo ex eis affectus essem et, cum postea in libris tuis mansuefactus essem et curantibus digitis tuis contrectarentur uulnera mea, discernerem atque distinguerem, quid interesset inter praesumptionem et confessionem, inter uidentes, quo eundum sit, nec uidentes qua, et uiam ducentem ad beatificam patriam non tantum cernendam sed et habitandam. nam si primo sanctis tuis litteris informatus essem et in earum familiaritate obdulcuisses mihi et post in illa uolumina incidissem, fortasse aut abripuissent me a solidamento pietatis, aut si in affectu quem salubrem inbiberam perstitissem, putarem etiam ex illis libris eum posse concipi, si eos solos quisque didicisset.
Pero entonces, leídos aquellos libros de los platónicos, después que, amonestado por ellos a buscar la verdad incorpórea, vi tus perfecciones invisibles entendidas por medio de las cosas que han sido hechas, y, rechazado, sentí qué era lo que las tinieblas de mi alma no me permitían contemplar, estaba cierto de que existes y eres infinito, y de que, sin embargo, no te difundes por lugares finitos ni infinitos; y de que verdaderamente eres tú, que eres siempre el mismo, sin ser otro ni de otro modo por ninguna parte ni por movimiento alguno; y de que todas las demás cosas proceden de ti, con esta sola prueba firmísima: que existen. Cierto estaba, sí, de estas cosas, pero demasiado débil para gozar de ti. Charlaba, claro está, como un entendido; y si no buscara tu camino en Cristo, nuestro Salvador, no sería un entendido, sino un perdido. Porque ya había empezado a querer parecer sabio, lleno de mi castigo, y no lloraba; antes bien, me hinchaba de ciencia. ¿Dónde estaba, en efecto, aquella caridad que edifica sobre el fundamento de la humildad, que es Cristo Jesús? ¿O cuándo me la habrían enseñado aquellos libros? Creo que quisiste que diera con ellos antes de considerar tus Escrituras, para que quedara impreso en mi memoria cómo me habían afectado; y para que, cuando después me amansara en tus libros y mis heridas fueran tocadas por tus dedos sanadores, discerniera y distinguiera qué diferencia hay entre la presunción y la confesión, entre los que ven adónde hay que ir pero no ven por dónde, y el camino que conduce a la patria bienaventurada, no solo para contemplarla sino también para habitarla. Pues si primero hubiera sido formado en tus santas Letras, y en su familiaridad te me hubieras hecho dulce, y después hubiera caído en aquellos volúmenes, quizá o me habrían arrancado del fundamento de la piedad, o, si hubiera perseverado en el afecto saludable que había embebido, habría pensado que también podía concebirse a partir de aquellos libros, si alguien los estudiara solos.✦
Juego de palabras latino: non peritus, sed periturus («no entendido, sino destinado a perecer»). «Me hinchaba de ciencia»: 1 Co 8,1; «el fundamento… que es Cristo Jesús»: 1 Co 3,11.
Itaque auidissime arripui uenerabilem stilum spiritus tui et prae ceteris apostolum Paulum, et perierunt illae quaestiones, in quibus mihi aliquando uisus est aduersari sibi et non congruere testimoniis legis et prophetarum textus sermonis eius, et apparuit mihi una facies eloquiorum castorum, et exultare cum tremore didici. et coepi et inueni quidquid illac uerum legeram, hac cum conmendatione gratiae tuae dici, ut qui uidet non sic glorietur, quasi non acceperit, non solum quod uidet, sed etiam ut uideat — quid enim habet quod non accepit? — et ut te, qui es semper idem, non solum admoneatur ut uideat, sed etiam sanetur ut teneat, et qui de longinquo uidere non potest, uiam tamen ambulet, qua ueniat et uideat et teneat, quia, etsi condelectetur homo legi dei secundum interiorem hominem, quid faciet de alia lege in membris suis repugnante legi mentis suae et se captiuum ducente in lege peccati, quae est in membris eius? quoniam iustus es, domine; nos autem peccauimus, inique fecimus, inpie gessimus, et grauata est super nos manus tua, et iuste traditi sumus antiquo peccatori, praeposito mortis, quia persuasit uoluntati nostrae similitudinem uoluntatis suae, qua in ueritate tua non stetit. quid faciet miser homo? quis eum liberabit de corpore mortis huius nisi gratia tua per Iesum Christum dominum nostrum, quem genuisti coaeternum et creasti in principio uiarum tuarum, in quo princeps huius mundi non inuenit quicquam morte dignum, et occidit eum; et euacuatum est chirografum, quod erat contrarium nobis? hoc illae litterae non habent. non habent illae paginae uultum pietatis illius, lacrimas confessionis, sacrificium tuum, spiritum contribulatum, cor contritum et humiliatum, populi salutem, sponsam ciuitatem, arram spiritus sancti, poculum pretii nostri. nemo ibi cantat: nonne deo subdita erit anima mea? ab ipso enim salutare meum: etenim ipse deus meus et salutaris meus, susceptor meus: non mouebor amplius. nemo ibi audit uocantem: uenite ad me, qui laboratis. dedignantur ab eo discere, quoniam mitis est et humilis corde. abscondisti enim haec a sapientibus et prudentibus et reuelasti ea paruulis. et aliud est de siluestri cacumine uidere patriam pacis et iter ad eam non inuenire et frustra conari per inuia circum obsidentibus et insidiantibus fugitiuis desertoribus cum principe suo leone et dracone, et aliud tenere uiam illuc ducentem cura caelestis imperatoris munitam, ubi non latrocinantur qui caelestem militiam deseruerunt; uitant enim eam sicut supplicium. haec mihi inuiscerabantur miris modis, cum minimum apostolorum tuorum legerem, et consideraueram opera tua et expaueram.
Así pues, me así con avidez al venerable estilo de tu Espíritu, y sobre todo al apóstol Pablo; y se desvanecieron aquellas cuestiones en las que alguna vez me pareció que se contradecía y que el texto de sus palabras no concordaba con los testimonios de la Ley y de los Profetas; y se me apareció un solo rostro de las castas palabras, y aprendí a alegrarme con temblor. Y comencé, y hallé que cuanto de verdadero había leído allá, aquí se dice con la recomendación de tu gracia, para que quien ve no se gloríe como si no hubiera recibido, no solo lo que ve, sino también el poder ver —pues ¿qué tiene que no haya recibido?—; y para que no solo sea amonestado a verte a ti, que eres siempre el mismo, sino también sanado para poseerte; y para que quien no puede ver desde lejos, camine sin embargo por el camino por el que llegue, y vea, y posea. Porque, aunque el hombre se complazca en la ley de Dios según el hombre interior, ¿qué hará con la otra ley que está en sus miembros, que lucha contra la ley de su mente y lo lleva cautivo a la ley del pecado que está en sus miembros? Porque tú eres justo, Señor; pero nosotros hemos pecado, hemos obrado inicuamente, nos hemos portado impíamente, y se ha agravado sobre nosotros tu mano, y justamente hemos sido entregados al antiguo pecador, al que preside la muerte, porque persuadió a nuestra voluntad a asemejarse a la suya, por la que no se mantuvo en tu verdad. ¿Qué hará el hombre miserable? ¿Quién lo librará de este cuerpo de muerte, sino tu gracia, por Jesucristo nuestro Señor, al que engendraste coeterno y creaste al principio de tus caminos, en quien el príncipe de este mundo no halló nada digno de muerte, y lo mató; y quedó anulado el documento que nos era contrario? Esto no lo tienen aquellos escritos. No tienen aquellas páginas el rostro de esta piedad, las lágrimas de la confesión, tu sacrificio, el espíritu atribulado, el corazón contrito y humillado, la salvación del pueblo, la ciudad esposa, las arras del Espíritu Santo, el cáliz de nuestro rescate. Nadie allí canta: «¿No estará mi alma sometida a Dios? Porque de él viene mi salvación; pues él es mi Dios y mi salvador, mi amparo: no vacilaré más». Nadie allí oye al que llama: «Vengan a mí los que están fatigados». Desdeñan aprender de él, porque es manso y humilde de corazón. Porque escondiste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños. Y una cosa es ver desde una cumbre boscosa la patria de la paz y no encontrar el camino hacia ella, y esforzarse en vano por lugares intransitables, rodeado y acechado por fugitivos desertores con su príncipe, el león y el dragón; y otra mantenerse en el camino que lleva allá, protegido por el cuidado del emperador celestial, donde no saltean los que desertaron de la milicia celestial, pues lo evitan como un suplicio. Estas cosas se me metían en las entrañas de modos admirables cuando leía al menor de tus apóstoles, y había considerado tus obras y me había llenado de espanto.✦
Sal 2,11; 1 Co 4,7; Rm 7,22-25; Dn 3,27.29; Sal 31,4; Jn 8,44; Pr 8,22; Jn 14,30; Col 2,14; Sal 50,19; Sal 61,2-3; Mt 11,28-29.25; 1 Co 15,9 («el menor de los apóstoles»); Ha 3,2.
Chirografum: el documento de deuda firmado de propia mano (Col 2,14).
Fuente del texto original: Texto latino: edición de Pius Knöll, CSEL 33 (Viena, 1896; dominio público), transcripción digital de Open Greek and Latin (csel-dev), CC BY-SA 4.0. La columna latina se distribuye con esa misma licencia.