Enéada VI, 9 · Sobre el Bien o lo Uno
Περὶ τἀγαθοῦ ἢ τοῦ ἑνός
Πάντα τὰ ὄντα τῷ ἑνί ἐστιν ὄντα, ὅσα τε πρώτως ἐστὶν ὄντα, καὶ ὅσα ὁπωσοῦν λέγεται ἐν τοῖς οὖσιν εἶναι. τί γὰρ ἂν καὶ εἴη, εἰ μὴ ἓν εἴη; ἐπείπερ ἀφαιρεθέντα τοῦ ἓν ὃ λέγεται οὐκ ἔστιν ἐκεῖνα. οὔτε γὰρ στρατὸς ἔσται, εἰ μὴ ἓν ἔστιν, οὔτε χορὸς οὔτε ἀγέλη μὴ ἓν ὄντα. ἀλλ’ οὐδὲ οἰκία ἢ ναῦς τὸ ἓν οὐκ ἔχοντα, ἐπείπερ ἡ οἰκία ἓν καὶ ἡ ναῦς, ὃ εἰ ἀποβάλοι, οὔτ’ ἂν ἡ οἰκία ἔτι οἰκία οὔτε ἡ ναῦς. τὰ τοίνυν συνεχῆ μεγέθη, εἰ μὴ τὸ ἓν αὐτοῖς παρείη, οὐκ ἂν εἴη· τμηθέντα γοῦν, καθ’ ὅσον τὸ ἓν ἀπόλλυσιν, ἀλλάσσει τὸ εἶναι. καὶ δὴ καὶ τὰ τῶν φυτῶν καὶ ζῴων σώματα ἓν ὄντα ἕκαστα εἰ φεύγει τὸ ἓν εἰς πλῆθος θρυπτόμενα, τὴν οὐσίαν αὑτῶν, ἣν εἶχεν, ἀπώλεσεν οὐκέτι ὄντα ἃ ἦν, ἄλλα δὲ γενόμενα καὶ ἐκεῖνα, ὅσα ἕν ἐστι. καὶ ἡ ὑγίεια δέ, ὅταν εἰς ἓν συνταχθῇ τὸ σῶμα, καὶ κάλλος, ὅταν ἡ τοῦ ἑνὸς τὰ μόρια κατάσχῃ φύσις· καὶ ἀρετὴ δὲ ψυχῆς, ὅταν εἰς ἓν καὶ εἰς μίαν ὁμολογίαν ἑνωθῇ. ἆρ’ οὖν, ἐπειδὴ ψυχὴ τὰ πάντα εἰς ἓν ἄγει δημιουργοῦσα καὶ πλάττουσα καὶ μορφοῦσα καὶ συντάττουσα, ἐπὶ ταύτην ἐλθόντας δεῖ λέγειν, ὡς αὕτη τὸ ἓν χορηγεῖ καὶ αὕτη ἐστὶ τὸ ἕν; ἢ ὥσπερ τὰ ἄλλα χορηγοῦσα τοῖς σώμασιν οὐκ ἔστιν αὐτὴ ὃ δίδωσιν, οἷον μορφὴν καὶ εἶδος, ἀλλ’ ἕτερα αὐτῆς, οὕτω χρή, εἰ καὶ [τὸ] ἓν δίδωσιν, ἕτερον ὂν αὐτῆς νομίζειν αὐτὴν διδόναι καὶ πρὸς τὸ ἓν βλέπουσαν ἓν ἕκαστον ποιεῖν, ὥσπερ καὶ πρὸς ἄνθρωπον ἄνθρωπον, συλλαμβάνουσαν μετὰ τοῦ ἀνθρώπου τὸ ἐν αὐτῷ ἕν. τῶν γὰρ ἓν λεγομένων οὕτως ἕκαστόν ἐστιν ἕν, ὡς ἔχει καὶ ὃ ἔστιν. ὥστε τὰ μὲν ἧττον ὄντα ἧττον ἔχει τὸ ἕν, τὰ δὲ μᾶλλον μᾶλλον. καὶ δὴ καὶ ψυχὴ ἕτερον οὖσα τοῦ ἑνὸς μᾶλλον ἔχει κατὰ τὸν λόγον τοῦ μᾶλλον καὶ ὄντως εἶναι τὸ ἕν, οὐ μὴν αὐτὸ τὸ ἕν· ψυχὴ γὰρ μία καὶ συμβεβηκός πως τὸ ἓν καὶ δύο ταῦτα, ψυχὴ καὶ ἕν, ὥσπερ σῶμα καὶ ἕν. καὶ τὸ μὲν διεστηκός, ὥσπερ χορός, πορρωτάτω τοῦ ἕν, τὸ δὲ συνεχὲς ἐγγυτέρω. ψυχὴ δὲ ἔτι μᾶλλον κοινωνοῦσα καὶ αὐτή. εἰ δ’ ὅτι ἄνευ τοῦ ἓν εἶναι οὐδ’ ἂν ψυχὴ εἴη, ταύτῃ εἰς ταὐτόν τις ἄγει ψυχὴν καὶ τὸ ἕν, πρῶτον μὲν καὶ τὰ ἄλλα ἕκαστα μετὰ τοῦ ἓν εἶναι ἔστιν· ἀλλ’ ὅμως ἕτερον αὐτῶν τὸ ἕν· οὐ γὰρ ταὐτὸν σῶμα καὶ ἕν, ἀλλὰ τὸ σῶμα μετέχει τοῦ ἕν. ἔπειτα δὲ πολλὴ ἡ ψυχὴ καὶ ἡ μία κἂν εἰ μὴ ἐκ μερῶν· πλεῖσται γὰρ δυνάμεις ἐν αὐτῇ, λογίζεσθαι, ὀρέγεσθαι, ἀντιλαμβάνεσθαι, ἃ τῷ ἑνὶ ὥσπερ δεσμῷ συνέχεται. ἐπάγει μὲν δὴ ψυχὴ τὸ ἓν ἓν οὖσα καὶ αὐτὴ ἄλλῳ· πάσχει δὲ τοῦτο καὶ αὐτὴ ὑπ’ ἄλλου.
Todos los seres son seres por lo Uno, tanto los que son seres en sentido primero como los que de cualquier modo se dice que están entre los seres. Pues ¿qué podrían ser si no fueran uno? Ya que, privados del «uno» que se dice de ellos, no son aquello [que son]. En efecto, no habrá ejército si no es uno, ni coro ni rebaño si no son uno. Pero tampoco casa o nave, si no tienen lo uno, puesto que la casa es una y también la nave, y si lo perdieran, ni la casa sería ya casa ni la nave [nave]. Así pues, las magnitudes continuas no existirían si lo uno no estuviera presente en ellas; al menos, cuando se las corta, en la medida en que pierden lo uno, cambian su ser. Y del mismo modo los cuerpos de las plantas y de los animales, que son cada uno uno, si huyen de lo uno desmenuzándose en multitud, pierden la esencia que tenían: ya no son lo que eran, sino que se han convertido en otras cosas, y también éstas [son] en cuanto cada una es una. Y la salud [existe] cuando el cuerpo se ordena en unidad; y la belleza, cuando la naturaleza de lo uno domina las partes; y la virtud del alma, cuando ésta se unifica en unidad y en un solo acuerdo. ¿Acaso, entonces, puesto que el alma conduce todas las cosas a la unidad fabricándolas, modelándolas, dándoles forma y ordenándolas, debemos, al llegar a ella, decir que ella es la que suministra lo uno y que ella misma es lo Uno? ¿O más bien, así como al suministrar a los cuerpos las demás cosas, por ejemplo la figura y la forma, no es ella misma lo que da, sino que éstas son distintas de ella, así también hay que pensar que, si da lo uno, lo da siendo [lo uno] distinto de ella, y que mirando hacia lo uno hace una a cada cosa, del mismo modo que mirando hacia el hombre [hace] al hombre, captando junto con el hombre el uno que hay en él? Porque, de las cosas que se dicen unas, cada una es una en la medida en que tiene también lo que es; de modo que las que son menos tienen menos lo uno, y las que son más, más. Y así también el alma, siendo distinta de lo Uno, tiene más lo uno en proporción a que es más y más verdaderamente; pero no es lo Uno mismo, pues el alma es una, y lo uno le es en cierto modo accidental, y son dos cosas, alma y uno, igual que cuerpo y uno. Y lo que está separado en partes, como un coro, es lo más alejado de lo uno; lo continuo, más cercano; y el alma, que participa todavía más, [lo está] también ella. Y si alguien, porque sin ser una no existiría el alma, identifica por esa razón el alma y lo uno, [hay que responderle], en primer lugar, que también cada una de las demás cosas es en cuanto es una, y sin embargo lo uno es distinto de ellas, pues cuerpo y uno no son lo mismo, sino que el cuerpo participa de lo uno. Además, el alma es múltiple, incluso la [que es] una, aunque no esté hecha de partes; pues hay en ella muchísimas potencias —razonar, desear, percibir—, que se mantienen unidas por lo uno como por un vínculo. El alma, por tanto, aporta lo uno a otra cosa, siendo ella misma una; pero esto mismo lo recibe ella también de otro.✦
Tò hén, «lo Uno»: el primer principio de todo en Plotino, más allá del ser y del pensamiento. En esta traducción se escribe «lo Uno» con mayúscula cuando designa ese principio, y «lo uno» o «uno» cuando se trata de la unidad que tienen las cosas por participación.
Psykhé, «alma»: la tercera realidad de Plotino, después de lo Uno y del Intelecto; anima y ordena el mundo sensible. Aquí se considera si ella podría ser el origen de la unidad de las cosas.
ἆρ’ οὖν ἑκάστῳ μὲν τῶν κατὰ μέρος ἓν οὐ ταὐτὸν ἡ οὐσία αὐτοῦ καὶ τὸ ἕν, ὅλῳ δὲ τῷ ὄντι καὶ τῇ οὐσίᾳ ταὐτὸν ἡ οὐσία αὐτοῦ ‘καὶ τὸ ὂν’ καὶ τὸ ἕν; ὥστε τὸν ἐξευρόντα τὸ ὂν ἐξευρηκέναι καὶ τὸ ἕν, καὶ αὐτὴν τὴν οὐσίαν αὐτὸ εἶναι τὸ ἕν· οἷον, εἰ νοῦς ἡ οὐσία, νοῦν καὶ τὸ ἓν εἶναι πρώτως ὄντα ὂν καὶ πρώτως ἕν, μεταδιδόντα δὲ τοῖς ἄλλοις τοῦ εἶναι οὕτω καὶ κατὰ τοσοῦτον καὶ τοῦ ἑνός. τί γὰρ ἄν τις καὶ παρ’ αὐτὸ [τὸ] εἶναι αὐτὸ φήσαι; ἢ γὰρ ταὐτὸν τῷ ὄντι· ἄνθρωπος γὰρ καὶ εἷς ἄνθρωπος ταὐτόν· ἢ οἷον ἀριθμός τις ἑκάστου, ὥσπερ εἰ δύο τινὰ ἔλεγες, οὕτως ἐπὶ μόνου τινὸς τὸ ἕν. εἰ μὲν οὖν ὁ ἀριθμὸς τῶν ὄντων, δῆλον ὅτι καὶ τὸ ἕν· καὶ ζητητέον τί ἐστιν. εἰ δὲ ψυχῆς ἐνέργημα τῷ ἀριθμεῖν ἐπεξιούσης, οὐδὲν ἂν εἴη ἐν τοῖς πράγμασι τὸ ἕν. ἀλλ’ ἔλεγεν ὁ λόγος, εἰ ἀπολεῖ ἕκαστον τὸ ἕν, μηδ’ ἔσεσθαι τὸ παράπαν. ὁρᾶν οὖν δεῖ, εἰ ταὐτὸν τὸ ἓν ἕκαστον καὶ τὸ ὄν, καὶ τὸ ὅλως ὂν καὶ τὸ ἕν. ἀλλ’ εἰ τὸ ὂν τὸ ἑκάστου πλῆθός ἐστι, τὸ δὲ ἓν ἀδύνατον πλῆθος εἶναι, ἕτερον ἂν εἴη ἑκάτερον. ἄνθρωπος γοῦν καὶ ζῷον λογικὸν καὶ πολλὰ μέρη καὶ συνδεῖται ἑνὶ τὰ πολλὰ ταῦτα· ἄλλο ἄρα ἄνθρωπος καὶ ἕν, εἰ τὸ μὲν μεριστόν, τὸ δὲ ἀμερές. καὶ δὴ καὶ τὸ ὅλον ὂν πάντα ἐν αὑτῷ ἔχον τὰ ὄντα πολλὰ μᾶλλον ἂν εἴη καὶ ἕτερον τοῦ ἑνός, μεταλήψει δὲ ἔχον καὶ μεθέξει τὸ ἕν. ἔχει δὲ καὶ ζωὴν καὶ νοῦν τὸ ὄν· οὐ γὰρ δὴ νεκρόν· πολλὰ ἄρα τὸ ὄν. εἰ δὲ νοῦς τοῦτο εἴη, καὶ οὕτω πολλὰ ἀνάγκη εἶναι. καὶ ἔτι μᾶλλον, εἰ τὰ εἴδη περιέχοι· οὐδὲ γὰρ ἡ ἰδέα ἕν, ἀλλ’ ἀριθμὸς μᾶλλον καὶ ἑκάστη καὶ ἡ σύμπασα, καὶ οὕτως ἕν, ὥσπερ ἂν ὁ κόσμος ἕν. ὅλως δὲ τὸ μὲν ἓν πρῶτον, ὁ δὲ νοῦς καὶ τὰ εἴδη καὶ τὸ ὂν οὐ πρῶτα. εἶδός τε γὰρ ἕκαστον ἐκ πολλῶν καὶ σύνθετον καὶ ὕστερον· ἐξ ὧν γὰρ ἕκαστόν ἐστι, πρότερα ἐκεῖνα. ὅτι δὲ οὐχ οἷόν τε τὸν νοῦν τὸ πρῶτον εἶναι, καὶ ἐκ τῶνδε δῆλον ἔσται· τὸν νοῦν ἀνάγκη ἐν τῷ νοεῖν εἶναι καὶ τόν γε ἄριστον καὶ τὸν οὐ πρὸς τὰ ἔξω βλέποντα νοεῖν τὸ πρὸ αὑτοῦ· εἰς ἑαυτὸν γὰρ ἐπιστρέφων εἰς ἀρχὴν ἐπιστρέφει. καὶ εἰ μὲν αὐτὸς τὸ νοοῦν καὶ τὸ νοούμενον, διπλοῦς ἔσται καὶ οὐχ ἁπλοῦς οὐδὲ τὸ ἕν· εἰ δὲ πρὸς τὸ ἕτερον βλέπει, πάντως πρὸς τὸ κρεῖττον καὶ πρὸ αὐτοῦ. εἰ δὲ καὶ πρὸς αὑτὸν καὶ πρὸς τὸ κρεῖττον, καὶ οὕτω δεύτερον. καὶ χρὴ τὸν νοῦν τοιοῦτον τίθεσθαι, οἷον παρεῖναι μὲν τῷ ἀγαθῷ καὶ τῷ πρώτῳ καὶ βλέπειν εἰς ἐκεῖνο, συνεῖναι δὲ καὶ ἑαυτῷ νοεῖν τε καὶ ἑαυτὸν καὶ νοεῖν ἑαυτὸν ὄντα τὰ πάντα. πολλοῦ ἄρα δεῖ τὸ ἓν εἶναι ποικίλον ὄντα. οὐ τοίνυν οὐδὲ τὸ ἓν τὰ πάντα ἔσται, οὕτω γὰρ [ἂν] οὐκέτι ἓν εἴη· οὐδὲ νοῦς, καὶ γὰρ ἂν οὕτως εἴη τὰ πάντα τοῦ νοῦ τὰ πάντα ὄντος· οὐδὲ τὸ ὄν· τὸ γὰρ ὂν τὰ πάντα.
¿Acaso, entonces, para cada uno de los seres particulares que es uno no son lo mismo su esencia y lo uno, pero para el ser en su totalidad y para la esencia [total] sí son lo mismo su esencia, ‹y el ser›, y lo uno? De modo que quien hubiera descubierto el ser habría descubierto también lo uno, y la esencia misma sería lo Uno mismo. Por ejemplo, si la esencia es el Intelecto, el Intelecto sería también lo Uno, siendo ser en sentido primero y uno en sentido primero, y haciendo partícipes a los demás del ser, y del mismo modo y en la misma medida también de lo uno. Pues ¿qué podría decirse que es [lo uno] aparte del ser mismo? O bien es lo mismo que el ser —pues «hombre» y «un hombre» son lo mismo—, o bien es como un número de cada cosa: igual que dirías «dos» de ciertas cosas, así [dirías] «uno» de una sola. Ahora bien, si el número es [algo] de los seres, es evidente que también lo uno [lo es], y hay que investigar qué es. Pero si es un acto del alma que recorre [las cosas] al contar, lo uno no sería nada en las cosas mismas; y sin embargo el razonamiento decía que, si cada cosa pierde lo uno, no existirá en absoluto. Hay que ver, pues, si lo uno de cada cosa y su ser son lo mismo, y si el ser en general y lo uno [lo son]. Pero si el ser de cada cosa es multiplicidad, y es imposible que lo uno sea multiplicidad, serían distintos uno y otro. El hombre, por ejemplo, es animal racional y muchas partes, y estas muchas cosas están atadas por lo uno; luego hombre y uno son cosas distintas, si aquél es divisible y éste indivisible. Y así también el ser en su totalidad, que contiene en sí todos los seres, sería más bien múltiple y distinto de lo Uno, y tendría lo uno por participación y comunión. Además, el ser tiene vida e intelecto, pues no es cosa muerta; luego el ser es múltiple. Y si esto fuera el Intelecto, también así sería necesariamente múltiple; y más aún si contiene las Formas, pues tampoco la Idea es una, sino más bien un número, tanto cada una como todas en conjunto, y es una del modo en que el cosmos es uno. En general, lo Uno es primero, mientras que el Intelecto, las Formas y el ser no son primeros. Pues cada Forma está hecha de muchos [elementos], es compuesta y posterior, ya que aquello de lo que cada cosa consta es anterior a ella. Que el Intelecto no puede ser lo primero quedará claro también por lo siguiente. El Intelecto consiste necesariamente en pensar, y el mejor, el que no mira hacia fuera, piensa lo que está antes de él; pues al volverse hacia sí mismo se vuelve hacia su principio. Y si él mismo es lo que piensa y lo pensado, será doble y no simple, ni será lo Uno; si mira hacia otro, [mira] sin duda hacia lo mejor y anterior a él; y si mira a la vez hacia sí mismo y hacia lo mejor, también así es segundo. Y hay que concebir el Intelecto de tal manera que esté presente ante el Bien y lo primero y mire hacia aquello, pero que también esté consigo mismo, se piense a sí mismo y se piense siendo todas las cosas. Mucho le falta, pues, para ser lo Uno, siendo [como es] variado. Así pues, tampoco lo Uno será todas las cosas, porque así ya no sería uno; ni el Intelecto, porque también así sería todas las cosas, ya que el Intelecto es todas las cosas; ni el ser, porque el ser es todas las cosas.✦
Noûs, «Intelecto»: la segunda realidad (hypóstasis), que procede de lo Uno; es a la vez el pensamiento y el conjunto de lo inteligible, el «mundo inteligible» en el que el ser verdadero y las Formas coinciden con el pensar.
Eîdos (plural eíde), «Forma», e idéa, «Idea»: los arquetipos inteligibles de tradición platónica. Para Plotino cada Forma ya es una multiplicidad ordenada, «un número», y por eso no puede ser lo primero.
τί ἂν οὖν εἴη τὸ ἓν καὶ τίνα φύσιν ἔχον; ἢ οὐδὲν θαυμαστὸν μὴ ῥᾴδιον εἰπεῖν εἶναι, ὅπου μηδὲ τὸ ὂν ῥᾴδιον μηδὲ τὸ εἶδος, ἀλλ’ ἔστιν ἡμῖν γνῶσις εἴδεσιν ἐπερειδομένη. ὅσῳ δ’ ἂν εἰς ἀνείδεον ἡ ψυχὴ ἴῃ, ἐξαδυνατοῦσα περιλαβεῖν τῷ μὴ ὁρίζεσθαι καὶ οἷον τυποῦσθαι ὑπὸ ποικίλου τοῦ τυποῦντος ἐξολισθάνει καὶ φοβεῖται, μὴ οὐδὲν ἔχῃ. διὸ κάμνει ἐν τοῖς τοιούτοις καὶ ἀσμένη καταβαίνει πολλάκις ἀποπίπτουσα ἀπὸ πάντων, μέχρις ἂν εἰς αἰσθητὸν ἥκῃ ἐν στερεῷ ὥσπερ ἀναπαυομένη· οἷον καὶ ἡ ὄψις κάμνουσα ἐν τοῖς μικροῖς τοῖς μεγάλοις ἀσμένως περιπίπτει. καθ’ ἑαυτὴν δὲ ἡ ψυχὴ ὅταν ἰδεῖν ἐθέλῃ, μόνον ὁρῶσα τῷ συνεῖναι καὶ ἓν οὖσα τῷ ἓν εἶναι αὐτῷ οὐκ οἴεταί πω ἔχειν ὃ ζητεῖ, ὅτι τοῦ νοουμένου μὴ ἕτερόν ἐστιν. ὅμως δὲ χρὴ οὕτω ποιεῖν τὸν μέλλοντα περὶ τὸ ἓν φιλοσοφήσειν. ἐπεὶ τοίνυν ἕν ἐστιν ὃ ζητοῦμεν, καὶ τὴν ἀρχὴν τῶν πάντων ἐπισκοποῦμεν, τἀγαθὸν καὶ τὸ πρῶτον, οὔτε πόρρω δεῖ γενέσθαι τῶν περὶ τὰ πρῶτα εἰς τὰ ἔσχατα τῶν πάντων πεσόντα, ἀλλ’ ἱέμενον εἰς τὰ πρῶτα ἐπαναγαγεῖν ἑαυτὸν ἀπὸ τῶν αἰσθητῶν ἐσχάτων ὄντων κακίας τε πάσης ἀπηλλαγμένον εἶναι, ἅτε πρὸς τὸ ἀγαθὸν σπεύδοντα, ἐπί τε τὴν ἐν ἑαυτῷ ἀρχὴν ἀναβεβηκέναι καὶ ἓν ἐκ πολλῶν γενέσθαι ἀρχῆς καὶ ἑνὸς θεατὴν ἐσόμενον. νοῦν τοίνυν χρὴ γενόμενον καὶ τὴν ψυχὴν τὴν αὑτοῦ νῷ πιστεύσαντα καὶ ὑφιδρύσαντα, ἵν’ ἃ ὁρᾷ ἐκεῖνος ἐγρηγορυῖα δέχοιτο, τούτῳ θεᾶσθαι τὸ ἓν οὐ προστιθέντα αἴσθησιν οὐδεμίαν οὐδέ τι παρ’ αὐτῆς εἰς ἐκεῖνον δεχόμενον, ἀλλὰ καθαρῷ τῷ νῷ τὸ καθαρώτατον θεᾶσθαι καὶ τοῦ νοῦ τῷ πρώτῳ. ὅταν τοίνυν ὁ ἐπὶ τὴν θέαν τοῦ τοιούτου ἐσταλμένος ἢ μέγεθος ἢ σχῆμα ἢ ὄγκον περὶ ταύτην τὴν φύσιν φαντασθῇ, οὐ νοῦς τούτῳ ἡγεμὼν γίνεται τῆς θέας, ὅτι μὴ νοῦς τὰ τοιαῦτα πέφυκεν ὁρᾶν, ἀλλ’ ἔστιν αἰσθήσεως καὶ δόξης ἑπομένης αἰσθήσει ἡ ἐνέργεια. ἀλλὰ δεῖ λαβεῖν παρὰ τοῦ νοῦ τὴν ἐπαγγελίαν ὧν δύναται. δύναται δὲ ὁρᾶν ὁ νοῦς ἢ τὰ πρὸ αὐτοῦ, ἢ τὰ αὐτοῦ, ἢ τὰ παρ’ αὐτοῦ. καθαρὰ δὲ καὶ [ἁπλᾶ] τὰ ἐν αὐτῷ, ἔτι δὲ καθαρώτερα καὶ ἁπλούστερα τὰ πρὸ αὐτοῦ, μᾶλλον δὲ τὸ πρὸ αὐτοῦ. οὐδὲ νοῦς τοίνυν, ἀλλὰ πρὸ νοῦ· τὶ γὰρ τῶν ὄντων ἐστὶν ὁ νοῦς· ἐκεῖνο δὲ οὔ τι, ἀλλὰ πρὸ ἑκάστου, οὐδὲ ὄν· καὶ γὰρ τὸ ὂν οἷον μορφὴν τὴν τοῦ ὄντος ἔχει, ἄμορφον δὲ ἐκεῖνο καὶ μορφῆς νοητῆς. γεννητικὴ γὰρ ἡ τοῦ ἑνὸς φύσις οὖσα τῶν πάντων οὐδέν ἐστιν αὐτῶν. οὔτε οὖν τὶ οὔτε ποιὸν οὔτε ποσὸν οὔτε νοῦς οὔτε ψυχή· οὐδὲ κινούμενον οὐδ’ αὖ ἑστώς, οὐκ ἐν τόπῳ, οὐκ ἐν χρόνῳ, ἀλλὰ τὸ καθ’ αὑτὸ μονοειδές, μᾶλλον δὲ ἀνείδεον πρὸ εἴδους ὂν παντός, πρὸ κινήσεως, πρὸ στάσεως· ταῦτα γὰρ περὶ τὸ ὄν, ἃ πολλὰ αὐτὸ ποιεῖ. διὰ τί οὖν, εἰ μὴ κινούμενον, οὐχ ἑστώς; ὅτι περὶ μὲν τὸ ὂν τούτων θάτερον ἢ ἀμφότερα ἀνάγκη τό τε ἑστὼς στάσει ἑστὼς καὶ οὐ ταὐτὸν τῇ στάσει· ὥστε συμβήσεται αὐτῷ καὶ οὐκέτι ἁπλοῦν μένει. ἐπεὶ καὶ τὸ αἴτιον λέγειν οὐ κατηγορεῖν ἐστι συμβεβηκός τι αὐτῷ, ἀλλ’ ἡμῖν, ὅτι ἔχομέν τι παρ’ αὐτοῦ ἐκείνου ὄντος ἐν αὑτῷ. δεῖ δὲ μηδὲ τὸ ἐκεῖνο, μηδὲ τὸ τοῦτο λέγειν ἀκριβῶς λέγοντα, ἀλλ’ ἡμᾶς οἷον ἔξωθεν περιθέοντας τὰ αὑτῶν ἑρμηνεύειν ἐθέλειν πάθη ὁτὲ μὲν ἐγγύς, ὁτὲ δὲ ἀποπίπτοντας ταῖς περὶ αὐτὸ ἀπορίαις.
¿Qué sería, entonces, lo Uno, y qué naturaleza tendría? No es nada sorprendente que no sea fácil decirlo, cuando ni siquiera es fácil [decirlo] del ser ni de la Forma; pero nuestro conocimiento se apoya en las Formas. Y cuanto más avanza el alma hacia lo que carece de forma, incapaz por completo de abarcarlo, porque no recibe límite ni, por así decir, la impronta de algo variado que la imprima, se le escapa y teme no tener nada. Por eso se fatiga en tales [objetos] y muchas veces desciende con gusto, cayéndose de todos ellos, hasta llegar a lo sensible, como quien descansa sobre algo sólido; así también la vista, cansada de [mirar] las cosas pequeñas, se arroja con gusto sobre las grandes. Pero cuando el alma quiere ver por sí misma, viendo sólo por estar unida [a su objeto] y siendo una por ser una con él, no cree tener todavía lo que busca, porque no es distinta de lo que piensa. Sin embargo, así debe proceder quien vaya a filosofar acerca de lo Uno. Puesto que lo que buscamos es uno, y examinamos el principio de todas las cosas, el Bien y lo primero, no hay que alejarse de lo que está en torno a lo primero cayendo en lo último de todo, sino que, lanzándose hacia lo primero, hay que elevarse desde las cosas sensibles, que son las últimas, y estar libre de toda maldad, puesto que se tiende hacia el Bien; y hay que haber ascendido al principio que hay en uno mismo y haberse hecho uno a partir de muchos, si se ha de llegar a ser contemplador del principio y de lo Uno. Es preciso, pues, hacerse Intelecto, y, habiendo confiado la propia alma al Intelecto y asentado bajo él, para que reciba despierta lo que él ve, contemplar con él lo Uno, sin añadir ninguna sensación ni recibir de ella cosa alguna en aquél, sino contemplar con el Intelecto puro lo más puro, y con lo primero del Intelecto. Cuando, pues, quien se ha dispuesto para la contemplación de semejante [realidad] se imagina en torno a esta naturaleza una magnitud, una figura o una masa, no es el Intelecto el que lo guía en la contemplación, porque el Intelecto no está hecho por naturaleza para ver tales cosas; esa actividad es de la sensación y de la opinión que sigue a la sensación. Hay que recibir, en cambio, del Intelecto la promesa de lo que puede [ver]. Y el Intelecto puede ver o lo que está antes de él, o lo que es suyo, o lo que procede de él. Puras son las cosas que hay en él, y todavía más puras y más simples las que están antes de él, o, mejor dicho, lo que está antes de él. No es, pues, Intelecto, sino anterior al Intelecto; porque el Intelecto es algo de entre los seres, mientras que aquello no es algo, sino anterior a cada cosa; ni es ser, porque el ser tiene como una forma, la del ser, y aquello carece de forma, incluso de forma inteligible. En efecto, siendo la naturaleza de lo Uno generadora de todas las cosas, no es ninguna de ellas. No es, por tanto, algo, ni cualidad, ni cantidad, ni intelecto, ni alma; ni se mueve ni tampoco está en reposo; no está en un lugar, no está en el tiempo, sino que es «lo que en sí mismo es de una sola forma», o, mejor, informe, anterior a toda forma, anterior al movimiento, anterior al reposo; pues éstos conciernen al ser y lo hacen múltiple. ¿Por qué, entonces, si no se mueve, no está en reposo? Porque al ser le corresponde necesariamente uno de los dos o ambos, y lo que reposa reposa por el reposo y no es idéntico al reposo, de modo que [el reposo] le sobrevendría [a lo Uno] y ya no permanecería simple. Pues también decir [que es] causa no es predicar algo accidental de él, sino de nosotros, porque tenemos algo que procede de él, mientras él permanece en sí mismo. Quien hable con exactitud no debe decir ni «aquello» ni «esto»; sino que nosotros, como girando alrededor de él por fuera, queremos expresar nuestras propias afecciones, unas veces acercándonos, otras cayendo hacia atrás por las aporías que lo rodean.✦
«Lo que en sí mismo es de una sola forma» (monoeidés): eco de la descripción de la Belleza en sí en el Banquete de Platón (211b); la negación de movimiento y reposo procede de la primera hipótesis del Parménides (139b).
«Lo primero del Intelecto»: la parte más alta del Intelecto, la que en el tratado siguiente (cap. 11) se llama un «ver» distinto del pensar; con ella, y no con el razonamiento, se toca lo Uno.
γίνεται δὲ ἡ ἀπορία μάλιστα, ὅτι μηδὲ κατ’ ἐπιστήμην ἡ σύνεσις ἐκείνου μηδὲ κατὰ νόησιν, ὥσπερ τὰ ἄλλα νοητά, ἀλλὰ κατὰ παρουσίαν ἐπιστήμης κρείττονα. πάσχει δὲ ἡ ψυχὴ τοῦ ἓν εἶναι τὴν ἀπόστασιν καὶ οὐ πάντη ἐστὶν ἕν, ὅταν ἐπιστήμην του λαμβάνῃ· λόγος γὰρ ἡ ἐπιστήμη, πολλὰ δὲ ὁ λόγος. παρέρχεται οὖν τὸ ἓν εἰς ἀριθμὸν καὶ πλῆθος πεσοῦσα. ὑπὲρ ἐπιστήμην τοίνυν δεῖ δραμεῖν καὶ μηδαμῇ ἐκβαίνειν τοῦ ἓν εἶναι, ἀλλ’ ἀποστῆναι δεῖ καὶ ἐπιστήμης καὶ ἐπιστητῶν καὶ παντὸς ἐκείνου καὶ παρ’ ἐκείνου, ὥσπερ πᾶν φῶς μεθημερινὸν παρ’ ἡλίου. διὸ οὐδὲ ῥητὸν οὐδὲ γραπτόν φησιν. ἀλλὰ λέγομεν καὶ γράφομεν πέμποντες εἰς αὐτὸ καὶ ἀνεγείροντες ἐκ τῶν λόγων ἐπὶ τὴν θέαν ὥσπερ ὁδὸν δεικνύντες τῷ τι θεάσασθαι βουλομένῳ. μέχρι μὲν γὰρ τῆς ὁδοῦ καὶ τῆς πορείας ἡ δίδαξις, ἡ δὲ θέα αὐτοῦ ἔργον ἤδη τοῦ ἰδεῖν βεβουλημένου. εἰ δὲ μὴ ἦλθέ τις ἐπὶ τὸ θέαμα, μηδὲ σύνεσιν ἔσχεν ἡ ψυχὴ τῆς ἐκεῖ ἀγλαίας μηδὲ ἔπαθε μηδὲ ἔσχεν ἐν ἑαυτῇ οἷον ἐρωτικὸν πάθημα ἐκ τοῦ ἰδεῖν ἐραστοῦ ἐν ᾧ ἐρᾷ ἀναπαυσαμένου, δεξάμενος μὲν φῶς ἀληθινὸν καὶ πᾶσαν τὴν ψυχὴν περιφωτίσας διὰ τὸ ἐγγυτέρω γεγονέναι, ἀναβεβηκὼς δὲ ἔτι ὀπισθοβαρὴς ὑπάρχων, ἃ ἐμπόδια ἦν τῇ θέᾳ, καὶ οὐ μόνος ἀναβεβηκώς, ἀλλ’ ἔχων τὸ διεῖργον ἀπ’ αὐτοῦ, ἢ μήπω εἰς ἓν συναχθείς — οὐ γὰρ δὴ ἄπεστιν οὐδενὸς ἐκεῖνο καὶ πάντων δέ, ὥστε παρὸν μὴ παρεῖναι ἀλλ’ ἢ τοῖς δέχεσθαι δυναμένοις καὶ παρεσκευασμένοις, ὥστε ἐναρμόσαι καὶ οἷον ἐφάψασθαι καὶ θιγεῖν ὁμοιότητι καὶ τῇ ἐν αὐτοῖς δυνάμει συγγενεῖ τῇ ἀπ’ αὐτοῦ, ὅταν οὕτως ἔχῃ, ὡς εἶχεν, ὅτε ἦλθεν ἀπ’ αὐτοῦ, ἤδη δύνασθαι ἰδεῖν ὡς πέφυκεν ἐκεῖνος θεατὸς εἶναι· εἰ οὖν μήπω ἐστὶν ἐκεῖ, ἀλλὰ διὰ ταῦτά ἐστιν ἔξω, ἢ δι’ ἔνδειαν τοῦ παιδαγωγοῦντος λόγου καὶ πίστιν περὶ αὐτοῦ παρεχομένου, δι’ ἐκεῖνα μὲν αὑτὸν ἐν αἰτίᾳ τιθέσθω, καὶ πειράσθω ἀποστὰς πάντων μόνος εἶναι, ἃ δὲ ἐν τοῖς λόγοις ἀπιστεῖ ἐλλείπων, ὧδε διανοείσθω.
La aporía surge sobre todo porque la comprensión de aquello no se da por ciencia ni por intelección, como [la de] los demás inteligibles, sino por una presencia superior a la ciencia. El alma sufre un alejamiento de su ser una y no es del todo una cuando adquiere ciencia de algo, pues la ciencia es razón (lógos), y la razón es múltiple. Pasa, pues, de largo junto a lo uno, cayendo en el número y en la multiplicidad. Hay que correr, por tanto, por encima de la ciencia y no apartarse en modo alguno del ser uno; hay que apartarse incluso de la ciencia y de lo cognoscible, y de todo [otro objeto de contemplación], aun del bello; porque todo lo bello es posterior a aquello y procede de aquello, como toda la luz del día [procede] del sol. Por eso [Platón] dice que no es «decible ni escribible». Pero hablamos y escribimos para encaminar hacia él y despertar de los razonamientos a la contemplación, como mostrando el camino a quien quiera contemplar algo. Pues la enseñanza llega hasta el camino y la marcha; la visión ya es obra de quien ha querido ver. Y si alguien no llegó al espectáculo, si su alma no tuvo comprensión del esplendor de allá, ni lo experimentó ni tuvo en sí algo como la pasión amorosa que nace en el amante al ver [al amado] y que le hace reposar en lo que ama; si, habiendo recibido la luz verdadera e iluminado toda el alma por haberse acercado, subió sin embargo todavía lastrado por un peso detrás, que era un estorbo para la contemplación, y no subió solo, sino llevando consigo lo que lo separaba de él, o no se había recogido aún en unidad —pues aquello no está ausente de nada y [a la vez] de todo, de modo que, estando presente, no está presente sino para los que pueden recibirlo y están preparados, de manera que se ajusten a él y como lo toquen y palpen por semejanza y por la potencia emparentada con él que hay en ellos y que procede de él, cuando [el alma] está tal como estaba cuando vino de él, y ya puede verlo tal como aquél es por naturaleza visible—; si, digo, todavía no está allí, sino fuera por estas razones, o por falta de un razonamiento que lo guíe y le dé confianza acerca de él, que se culpe a sí mismo por aquellas razones e intente, apartándose de todo, estar solo; y en cuanto a lo que, por quedarse corto, no cree en los razonamientos, que reflexione así.✦
Lógos: «razón», «discurso», «razonamiento»; también la razón formativa que se despliega en las cosas. Aquí designa el conocimiento discursivo, que recorre una cosa tras otra y por eso es ya multiplicidad.
«No es decible ni escribible»: alusión a la Carta VII atribuida a Platón (341c), donde se dice que lo más alto «no es decible como las demás enseñanzas». En este punto el texto griego presenta una laguna; las palabras entre corchetes («de todo otro objeto de contemplación, aun del bello; porque todo lo bello es posterior a aquello») se suplen según la lectura de los manuscritos.
ὅστις οἴεται τὰ ὄντα τύχῃ καὶ τῷ αὐτομάτῳ διοικεῖσθαι καὶ σωματικαῖς συνέχεσθαι αἰτίαις, οὗτος πόρρω ἀπελήλαται καὶ θεοῦ καὶ ἐννοίας ἑνός, καὶ ὁ λόγος οὐ πρὸς τούτους, ἀλλὰ πρὸς τοὺς ἄλλην φύσιν παρὰ τὰ σώματα τιθεμένους καὶ ἀνιόντας ἐπὶ ψυχήν. καὶ δεῖ δὴ τούτους φύσιν ψυχῆς κατανενοηκέναι τά τε ἄλλα καὶ ὡς παρὰ νοῦ ἐστι καὶ λόγου παρὰ τούτου κοινωνήσασα ἀρετὴν ἴσχει· μετὰ δὲ ταῦτα νοῦν λαβεῖν ἕτερον τοῦ λογιζομένου καὶ λογιστικοῦ καλουμένου, καὶ τοὺς λογισμοὺς ἤδη οἷον ἐν διαστάσει καὶ κινήσει, καὶ τὰς ἐπιστήμας λόγους ἐν ψυχῇ τὰς τοιαύτας ἐν φανερῷ ἤδη γεγονυίας τῷ ἐν τῇ ψυχῇ γεγονέναι τὸν νοῦν τῶν ἐπιστημῶν αἴτιον· καὶ νοῦν ἰδόντα οἷον αἰσθητὸν τῷ ἀντιληπτὸν εἶναι ἐπαναβεβηκότα τῇ ψυχῇ καὶ πατέρα αὐτῆς ὄντα κόσμον νοητόν, νοῦν ἥσυχον καὶ ἀτρεμῆ κίνησιν φατέον πάντα ἔχοντα ἐν αὑτῷ καὶ πάντα ὄντα, πλῆθος ἀδιάκριτον καὶ αὖ διακεκριμένον· οὔτε γὰρ διακέκριται ὡς οἱ λόγοι οἱ ἤδη καθ’ ἓν νοούμενοι, οὔτε συγκέχυται τὰ ἐν αὐτῷ. πρόεισι γὰρ ἕκαστον χωρίς· οἷον καὶ ἐν ταῖς ἐπιστήμαις πάντων ἐν ἀμερεῖ ὄντων ὅμως ἐστὶν ἕκαστον χωρὶς αὐτῶν. τοῦτο οὖν τὸ ὁμοῦ πλῆθος, ὁ κόσμος ὁ νοητός, ἔστι μὲν πρὸς τῷ πρώτῳ, καί φησιν αὐτὸ ὁ λόγος ἐξ ἀνάγκης εἶναι, εἴπερ τις καὶ ψυχὴν εἶναι· τοῦτο δὲ κυριώτερον ψυχῆς· οὐ μέντοι πρῶτον, ὅτι μὴ ἓν μηδὲ ἁπλοῦν· ἁπλοῦν δὲ τὸ ἓν καὶ ἡ πάντων ἀρχή. τὸ δὴ πρὸ τοῦ ἐν τοῖς οὖσι τιμιωτάτου, εἴπερ δεῖ τι πρὸ νοῦ εἶναι ἓν μὲν εἶναι βουλομένου, οὐκ ὄντος δὲ ἕν, ἑνοειδοῦς δέ, ὅτι αὐτῷ μὴ διεσκέδασται ὁ νοῦς, ἀλλὰ σύνεστιν ἑαυτῷ ὄντως οὐ διαρτήσας ἑαυτὸν τῷ πλησίον μετὰ τὸ ἓν εἶναι, ἀποστῆναι δέ πως τοῦ ἑνὸς τολμήσας — τὸ δὴ πρὸ τούτου θαῦμα τὸ ἕν, ὃ μὴ ὄν ἐστιν, ἵνα μὴ καὶ ἐνταῦθα κατ’ ἄλλου τὸ ἕν, ᾧ ὄνομα μὲν κατ’ ἀλήθειαν οὐδὲν προσῆκον, εἴπερ δὲ δεῖ ὀνομάσαι, κοινῶς ἂν λεχθείη προσηκόντως ἕν, οὐχ ὡς ἄλλο, εἶτα ἕν, χαλεπὸν μὲν γνωσθῆναι διὰ τοῦτο, γιγνωσκόμενον δὲ μᾶλλον τῷ ἀπ’ αὐτοῦ γεννήματι, τῇ οὐσίᾳ· καὶ [γὰρ] ἄγει εἰς οὐσίαν νοῦν, καὶ αὐτοῦ ἡ φύσις τοιαύτη, ὡς πηγὴν τῶν ἀρίστων εἶναι καὶ δύναμιν γεννῶσαν τὰ ὄντα μένουσαν ἐν ἑαυτῇ καὶ οὐκ ἐλαττουμένην οὐδ’ ἐν τοῖς γινομένοις ὑπ’ αὐτῆς οὖσαν, ὅτι καὶ πρὸ τούτων, [ἣν] ὀνομάζομεν ἓν ἐξ ἀνάγκης τῷ σημαίνειν ἀλλήλοις αὐτὴν τῷ ὀνόματι εἰς ἔννοιαν ἀμέριστον ἄγοντες καὶ τὴν ψυχὴν ἑνοῦν θέλοντες, οὐχ οὕτως ἓν λέγοντες καὶ ἀμερές, ὡς σημεῖον ἢ μονάδα λέγοντες· τὸ γὰρ οὕτως ἓν ποσοῦ ἀρχή, ὃ οὐκ ἂν ὑπέστη μὴ προούσης οὐσίας καὶ τοῦ πρὸ οὐσίας· οὔκουν δεῖ ἐνταῦθα βάλλειν τὴν διάνοιαν, ἀλλὰ ταῦτα ὁμοιῶσαι ἐκείνοις ἐν ἀναλογίαις τῷ ἁπλῷ καὶ τῇ φυγῇ τοῦ πλήθους καὶ τοῦ μερισμοῦ.
Quien piensa que los seres se gobiernan por la fortuna y el azar y se mantienen unidos por causas corporales, ése se ha desterrado lejos de dios y de la noción de lo Uno, y el razonamiento no va dirigido a ellos, sino a quienes ponen otra naturaleza además de los cuerpos y suben hasta el alma. Éstos deben haber comprendido la naturaleza del alma, entre otras cosas, que procede del Intelecto y que, participando de la razón [que viene] de él, posee la virtud; después de esto, deben concebir un Intelecto distinto de lo que razona, de lo que se llama la [facultad] racional, y [considerar] los razonamientos como estando ya en una especie de separación y de movimiento, y las ciencias como razones en el alma, que han llegado a ser manifiestas porque el Intelecto, causa de las ciencias, ha llegado a estar en el alma. Y habiendo visto el Intelecto como algo casi sensible, por ser aprehensible, que está por encima del alma y es su padre, [hay que reconocerlo como] mundo inteligible: un Intelecto quieto, un movimiento sin agitación, hay que decir, que tiene en sí todas las cosas y es todas las cosas, una multiplicidad indistinta y a la vez distinta. Pues no está diferenciado como los razonamientos que se piensan ya uno por uno, ni está confundido lo que hay en él, porque cada cosa sale por separado; así también en las ciencias, aunque todo está en lo indiviso, cada [teorema] está sin embargo separado. Esta multiplicidad simultánea, pues, el mundo inteligible, está junto a lo primero, y el razonamiento afirma que existe necesariamente si es que existe también el alma; y es más soberano que el alma; pero no es primero, porque no es uno ni simple, mientras que lo Uno, el principio de todas las cosas, es simple. Ahora bien, lo que está antes de lo más digno entre los seres —si es que debe haber algo antes del Intelecto, que quiere ser uno, pero no es uno, sino de forma unitaria, porque el Intelecto no se ha dispersado en sí mismo, sino que realmente está consigo mismo, sin desgajarse de sí mismo, por estar inmediatamente después de lo Uno, aunque en cierto modo se atrevió a apartarse de lo Uno—, lo que está antes de él es una maravilla: lo Uno, que no es ser, para que tampoco aquí [se diga] lo uno de otra cosa. En verdad ningún nombre le conviene, pero si hay que nombrarlo, con propiedad se le podría llamar en general «uno», no como si fuera otra cosa y luego uno. Difícil de conocer por esto, se conoce más bien por lo que ha engendrado, la esencia; y conduce al Intelecto a la esencia, y su naturaleza es tal que es fuente de lo mejor y potencia que engendra los seres permaneciendo en sí misma, sin disminuir y sin estar en las cosas que nacen de ella, porque está también antes de ellas. A esta [potencia] la llamamos «uno» por necesidad, para indicarla los unos a los otros con el nombre, conduciendo hacia una noción indivisa y queriendo unificar el alma; no la llamamos uno e indivisible en el sentido en que hablamos de un punto o de una mónada, pues lo que es uno de ese modo es principio de la cantidad, que no habría llegado a existir si no hubiera existido antes la esencia y lo que está antes de la esencia. No hay que dirigir, por tanto, el pensamiento hacia ahí, sino comparar esas cosas con aquellas por analogía, por la simplicidad y por la huida de la multiplicidad y de la división.✦
«Se atrevió (tolmésas) a apartarse»: la tólma, «audacia», es para Plotino el primer impulso de alteridad por el que el Intelecto, y luego el alma, se separan de su origen.
Hypóstasis, «realidad subsistente»: término con el que la tradición neoplatónica designa los tres niveles —lo Uno, el Intelecto y el alma—; aquí se ve cómo de lo Uno, que «permanece en sí mismo», procede la esencia sin que él disminuya.
πῶς οὖν λέγομεν ἕν, καὶ πῶς τῇ νοήσει ἐφαρμοστέον; ἢ πλειόνως τιθέμενον ἕν, ἢ ὡς μονὰς καὶ σημεῖον ἑνίζεται· ἐνταῦθα μὲν γὰρ μέγεθος ἡ ψυχὴ ἀφελοῦσα καὶ ἀριθμοῦ πλῆθος καταλήγει εἰς τὸ σμικρότατον καὶ ἐπερείδεταί τινι ἀμερεῖ μέν, ἀλλὰ ὃ ἦν ἐν μεριστῷ καὶ ὃ ἔστιν ἐν ἄλλῳ· τὸ δὲ οὔτε ἐν ἄλλῳ οὔτε ἐν μεριστῷ οὔτε οὕτως ἀμερές, ὡς τὸ σμικρότατον· μέγιστον γὰρ ἁπάντων οὐ μεγέθει, ἀλλὰ δυνάμει, ὥστε καὶ τὸ ἀμέγεθες δυνάμει· ἐπεὶ καὶ τὰ μετ’ αὐτὸ ὄντα ταῖς δυνάμεσιν ἀμέριστα καὶ ἀμερῆ, οὐ τοῖς ὄγκοις. ληπτέον δὲ καὶ ἄπειρον αὐτὸ οὐ τῷ ἀδιεξιτήτῳ ἢ τοῦ μεγέθους ἢ τοῦ ἀριθμοῦ, ἀλλὰ τῷ ἀπεριλήπτῳ τῆς δυνάμεως. ὅταν γὰρ αὐτὸ νοήσῃς οἷον νοῦν ἢ θεόν, πλέον ἐστί· καὶ αὖ ὅταν αὐτὸ ἑνίσῃς τῇ διανοίᾳ, καὶ ἐνταῦθα πλέον ἐστὶν ἢ θεός, ἂν αὐτὸν φαντασθῇς ἑνικώτερον τῆς σῆς νοήσεως εἶναι· ἐφ’ ἑαυτοῦ γάρ ἐστιν οὐδενὸς αὐτῷ συμβεβηκότος. τῷ αὐτάρκει δ’ ἄν τις καὶ τὸ ἓν αὐτοῦ ἐννοηθείη. δεῖ μὲν γὰρ ἱκανώτατον ἁπάντων καὶ αὐταρκέστατον καὶ ἀνενδεέστατον εἶναι· πᾶν δὲ πολὺ καὶ μὴ ἓν ἐνδεὲς ἐκ πολλῶν γενόμενον. δεῖται οὖν αὐτοῦ ἡ οὐσία ἓν εἶναι· τὸ δὲ οὐ δεῖται ἑαυτοῦ· αὐτὸ γάρ ἐστι. καὶ μὴν πολλὰ ὂν τοσούτων δεῖται, ὅσα ἔστι, καὶ ἕκαστον τῶν ἐν αὐτῷ μετὰ τῶν ἄλλων ὂν καὶ οὐκ ἐφ’ ἑαυτοῦ ἐνδεὲς τῶν ἄλλων ὑπάρχον καὶ καθ’ ἓν καὶ κατὰ τὸ ὅλον τὸ τοιοῦτον ἐνδεὲς παρέχεται. εἴπερ οὖν δεῖ τι αὐταρκέστατον εἶναι, τὸ ἓν εἶναι δεῖ τοιοῦτον ὂν μόνον, οἷον μήτε πρὸς αὑτὸ μήτε πρὸς ἄλλο ἐνδεὲς εἶναι. οὐ γάρ τι ζητεῖ, ἵνα ᾖ, οὐδ’ ἵνα εὖ ᾖ, οὐδὲ ἵνα ἐκεῖ ἱδρυθῇ· τοῖς μὲν γὰρ ἄλλοις αἴτιον ὂν οὐ παρ’ ἄλλων ἔχει ὃ ἔστι, τό τε εὖ τί ἂν εἴη αὐτῷ ἔξω αὐτοῦ; ὥστε οὐ κατὰ συμβεβηκὸς αὐτῷ τὸ εὖ· αὐτὸ γάρ ἐστι· τόπος τε οὐδεὶς αὐτῷ· οὐ γὰρ δεῖται ἱδρύσεως ὥσπερ αὑτὸ φέρειν οὐ δυνάμενον, τό τε ἱδρυθησόμενον ἄψυχον καὶ ὄγκος πίπτων, ἐὰν μήπω ἱδρυθῇ. ἵδρυται δὲ καὶ τὰ ἄλλα διὰ τοῦτο, δι’ ὃ ὑπέστη ἅμα καὶ ἔσχεν εἰς ὃν ἐτάχθη τόπον. ἐνδεὲς δὲ καὶ τὸ τόπον ζητοῦν· ἀρχὴ δὲ οὐκ ἐνδεὲς τῶν μετ’ αὐτό· ἡ δ’ ἁπάντων ἀρχὴ ἀνενδεὲς ἁπάντων· ὅ τι γὰρ ἐνδεές, ἐφιέμενον ἀρχῆς ἐνδεές. εἰ δὲ τὸ ἓν ἐνδεές τοῦτο ζητεῖ δηλονότι τὸ μὴ εἶναι ἕν. ὥστε ἐνδεὲς ἔσται τοῦ φθεροῦντος. πᾶν δ’ ὃ ἂν λέγηται ἐνδεὲς τοῦ εὖ, καὶ τοῦ σώζοντός ἐστιν ἐνδεές· ὥστε τῷ ἑνὶ οὐδὲν ἀγαθόν ἐστιν. οὐδὲ βούλησις τοίνυν οὐδενός· ἀλλ’ ἔστιν ὑπεράγαθον καὶ αὐτὸ οὐχ ἑαυτῷ, τοῖς δ’ ἄλλοις ἀγαθόν, εἴ τι αὐτοῦ δύναται μεταλαμβάνειν· οὐδὲ νόησις, ἵνα μὴ ἑτερότης· οὐδὲ κίνησις· πρὸ γὰρ κινήσεως καὶ πρὸ νοήσεως· τί γὰρ καὶ νοήσει; [ἢ] ἑαυτόν. πρὸ νοήσεως τοίνυν ἀγνοῶν ἔσται, καὶ νοήσεως δεήσεται, ἵνα γνῷ ἑαυτὸν ὁ αὐτάρκης ἑαυτῷ. οὐ τοίνυν, ὅτι μὴ γινώσκει μηδὲ νοεῖ ἑαυτόν, ἄγνοια περὶ αὐτὸν ἔσται· ἡ γὰρ ἄγνοια ἑτέρου ὄντος γίνεται, ὅταν θάτερον ἀγνοῇ θάτερον· τὸ δὲ μόνον οὔτε γινώσκει, οὔτε ἔχει ὃ ἀγνοεῖ, ἓν δὲ ὂν συνὸν αὑτῷ οὐ δεῖται νοήσεως ἑαυτοῦ. ἐπεὶ οὐδὲ τὸ συνεῖναι δεῖ προσάπτειν, ἵνα τηρῇς τὸ ἕν, ἀλλὰ καὶ τὸ νοεῖν καὶ τὸ συνεῖναι ἀφαιρεῖν καὶ ἑαυτοῦ νόησιν καὶ τῶν ἄλλων· οὐ γὰρ κατὰ τὸ νοοῦν δεῖ τάττειν αὐτό, ἀλλὰ μᾶλλον κατὰ τὴν νόησιν. νόησις δὲ οὐ νοεῖ, ἀλλ’ αἰτία τοῦ νοεῖν· ἄλλῳ· τὸ δὲ αἴτιον οὐ ταὐτὸν τῷ αἰτιατῷ. τὸ δὴ πάντων αἴτιον οὐδέν ἐστιν ἐκείνων. οὐ τοίνυν οὐδὲ ἀγαθὸν λεκτέον τοῦτο, ὃ παρέχει, ἀλλὰ ἄλλως τἀγαθὸν ὑπὲρ τὰ ἄλλα ἀγαθά.
¿En qué sentido, pues, lo llamamos uno, y cómo hay que ajustarlo al pensamiento? ¿Considerándolo uno en un sentido más amplio que aquel en que se unifican la mónada y el punto? Pues en éstos el alma, quitando la magnitud y la multiplicidad del número, termina en lo más pequeño y se apoya en algo que es indivisible, sí, pero que estaba en lo divisible y que está en otro; en cambio, aquello no está en otro ni en lo divisible, ni es indivisible como lo más pequeño. Es, en efecto, lo más grande de todo, no por la magnitud, sino por la potencia, de modo que también su carencia de magnitud es por la potencia; pues también los seres que vienen después de él son indivisos y sin partes por sus potencias, no por sus masas. Hay que concebirlo también como infinito, no porque no se pueda recorrer, sea su magnitud o su número, sino por lo inabarcable de su potencia. Porque cuando lo pienses como intelecto o como dios, es más; y a su vez, cuando lo unifiques con el pensamiento, también entonces es más de lo que imaginabas, aunque te lo representes más unitario que tu propio pensamiento; pues está en sí mismo, sin que nada le sea accidental. También por su autosuficiencia podría uno concebir su unidad. Porque debe ser lo más suficiente de todo, lo más autosuficiente y lo más exento de necesidad; y todo lo que es múltiple y no uno está necesitado, puesto que procede de muchos. Su esencia necesita, pues, ser una; pero aquello no se necesita a sí mismo, porque es él mismo. Y, ciertamente, lo que es múltiple necesita tantas cosas cuantas es, y cada una de las que hay en él, como está con las demás y no en sí misma, está necesitada de las demás, y así tal cosa se presenta necesitada tanto en cada parte como en el conjunto. Si, por tanto, debe haber algo autosuficiente en grado sumo, es preciso que sea lo Uno, que es lo único tal que no está necesitado ni respecto de sí mismo ni respecto de otro. Pues no busca nada para ser, ni para estar bien, ni para asentarse allí; siendo causa para los demás, no tiene de otros lo que es; y su bien, ¿qué sería fuera de él? De modo que el bien no le es accidental, porque es él mismo. Tampoco tiene lugar alguno, pues no necesita asiento, como si no pudiera sostenerse a sí mismo; lo que ha de ser asentado es algo inanimado, una masa que cae mientras no se asienta. Y también las demás cosas se asientan gracias a él, por el cual llegaron a existir y a la vez obtuvieron el lugar en que fueron colocadas. Está necesitado, además, lo que busca un lugar. Pero el principio no necesita de lo que viene después de él, y el principio de todas las cosas no necesita de ninguna; porque lo que está necesitado lo está porque aspira a su principio. Y si lo Uno estuviera necesitado, buscaría evidentemente no ser uno; de modo que necesitaría de lo que lo destruye. Y todo lo que se dice necesitado de bien necesita también de lo que lo conserva; de modo que para lo Uno nada es bueno. No tiene, por tanto, voluntad de nada, sino que es más allá del bien, y no es bien para sí mismo, sino para los demás, si alguno puede participar de él. Tampoco tiene pensamiento, para que no haya alteridad; ni movimiento, porque está antes del movimiento y antes del pensamiento. ¿Qué podría pensar, en efecto? ¿A sí mismo? Entonces, antes de pensar, sería ignorante, y necesitaría del pensamiento para conocerse, él que se basta a sí mismo. Pero no por no conocerse ni pensarse habrá ignorancia en él; porque la ignorancia se da cuando hay algo distinto, cuando una cosa ignora otra; pero lo que está solo ni conoce ni tiene nada que ignorar, sino que, siendo uno y estando consigo mismo, no necesita pensarse. Ni siquiera hay que atribuirle el «estar consigo», si quieres conservar lo Uno; hay que quitarle el pensar y el estar consigo, y el pensarse a sí mismo y a las demás cosas. Porque no hay que situarlo en el plano de lo que piensa, sino más bien en el del pensamiento; y el pensamiento no piensa, sino que es causa de que otro piense, y la causa no es lo mismo que lo causado. Por consiguiente, la causa de todas las cosas no es ninguna de ellas. Ni siquiera hay que llamarlo «bien» en el sentido del bien que procura, sino que es el Bien de otro modo, por encima de los demás bienes.✦
Agathón, «bien»; tò agathón o tagathón, «el Bien»: el otro nombre de lo Uno, tomado de la República de Platón (509b), donde el Bien está «más allá de la esencia». Plotino lo llama aquí hyperágathon, «más allá del bien»: es el Bien para los demás, no un bien que él posea.
εἰ δ’ ὅτι μηδὲν τούτων ἐστίν, ἀοριστεῖς τῇ γνώμῃ, στῆσον σαυτὸν εἰς ταῦτα, καὶ ἀπὸ τούτων θεῶ· θεῶ δὲ μὴ ἔξω ῥίπτων τὴν διάνοιαν. οὐ γὰρ κεῖταί που ἐρημῶσαν αὑτοῦ τὰ ἄλλα, ἀλλ’ ἔστι τῷ δυναμένῳ θιγεῖν ἐκεῖνο παρόν, τῷ δ’ ἀδυνατοῦντι οὐ πάρεστιν. ὥσπερ δὲ ἐπὶ τῶν ἄλλων οὐκ ἔστι τι νοεῖν ἄλλο νοοῦντα καὶ πρὸς ἄλλῳ ὄντα, ἀλλὰ δεῖ μηδὲν προσάπτειν τῷ νοουμένῳ, ἵνα ᾖ αὐτὸ τὸ νοούμενον, οὕτω δεῖ καὶ ἐνταῦθα συνιέναι, ὡς οὐκ ἔστιν ἄλλου ἔχοντα ἐν τῇ ψυχῇ τύπον ἐκεῖνο νοῆσαι ἐνεργοῦντος τοῦ τύπου, οὐδ’ αὖ ἄλλοις κατειλημμένην τὴν ψυχὴν καὶ κατεχομένην τυπωθῆναι τῷ τοῦ ἐναντίου τύπῳ, ἀλλ’ ὥσπερ περὶ τῆς ὕλης λέγεται, ὡς ἄρα ἄποιον εἶναι δεῖ πάντων, εἰ μέλλει δέχεσθαι τοὺς πάντων τύπους, οὕτω καὶ πολὺ μᾶλλον ἀνείδεον τὴν ψυχὴν γίνεσθαι, εἰ μέλλει μηδὲν ἐμπόδιον ἐγκαθήμενον ἔσεσθαι πρὸς πλήρωσιν καὶ ἔλλαμψιν αὐτῇ τῆς φύσεως τῆς πρώτης. εἰ τοῦτο, πάντων τῶν ἔξω ἀφέμενον δεῖ ἐπιστραφῆναι πρὸς τὸ εἴσω πάντη, μὴ πρὸς τι τῶν ἔξω κεκλίσθαι, ἀλλὰ ἀγνοήσαντα τὰ πάντα καὶ πρὸ τοῦ μὲν τῇ διαθέσει, τότε δὲ καὶ τοῖς εἴδεσιν, ἀγνοήσαντα δὲ καὶ αὑτὸν ἐν τῇ θέᾳ ἐκείνου γενέσθαι κἀκείνῳ συγγενόμενον καὶ ἱκανῶς οἷον ὁμιλήσαντα ἥκειν ἀγγέλλοντα, εἰ δύναιτο, καὶ ἄλλῳ τὴν ἐκεῖ συνουσίαν — οἵαν ἴσως καὶ Μίνως ποιούμενος ὀαριστὴς τοῦ Διὸς ἐφημίσθη εἶναι, ἧς μεμνημένος εἴδωλα αὐτῆς τοὺς νόμους ἐτίθει τῇ τοῦ θείου ἐπαφῇ εἰς νόμων πληρούμενος θέσιν — ἢ καὶ τὰ πολιτικὰ οὐκ ἄξια αὑτοῦ νομίσαντα, εἰ ἐθέλει, μένειν ἄνω· ὅπερ καὶ τῷ πολὺ ἰδόντι γένοιτ’ ἂν πάθημα. οὐδενὸς [οὖν θεός,] φησίν, ἐστιν ἔξω, ἀλλὰ πᾶσι σύνεστιν οὐκ εἰδόσι. φεύγουσι γὰρ αὐτοὶ αὐτοῦ ἔξω, μᾶλλον δὲ αὑτῶν ἔξω. οὐ δύνανται οὖν ἑλεῖν ὃν πεφεύγασιν, οὐδ’ αὑτοὺς ἀπολωλεκότες ἄλλον ζητεῖν, οὐδέ γε παῖς αὑτοῦ ἔξω ἐν μανίᾳ γεγενημένος εἰδήσει τὸν πατέρα· ὁ δὲ μαθὼν ἑαυτὸν εἰδήσει καὶ ὁπόθεν.
Si, porque no es ninguna de estas cosas, quedas indeciso en tu juicio, detente en ellas y contempla a partir de ellas; pero contempla sin arrojar el pensamiento hacia fuera. Pues no yace en algún lugar dejando vacías de sí las demás cosas, sino que está presente para quien puede tocarlo, y para quien no puede no está presente. Y así como en los demás casos no es posible pensar algo mientras se piensa otra cosa y se está ocupado en otra, sino que no hay que añadir nada a lo pensado para que sea lo pensado mismo, así también hay que entender aquí que no es posible pensar aquello teniendo en el alma la impronta de otra cosa mientras esa impronta actúa; ni tampoco que el alma, ocupada y retenida por otras cosas, reciba la impronta de lo contrario; sino que, así como se dice de la materia que debe carecer de toda cualidad si ha de recibir las improntas de todas las cosas, así también, y mucho más, el alma debe hacerse informe si no ha de haber en ella ningún obstáculo asentado que impida que la naturaleza primera la llene y la ilumine. Si esto es así, hay que dejar todo lo exterior y volverse por completo hacia lo interior, no inclinarse hacia nada de lo exterior, sino, ignorándolo todo —primero por la disposición [del alma], luego también por las formas—, e ignorándose incluso a sí mismo, llegar a la contemplación de aquél; y, habiendo estado con él y habiendo conversado suficientemente, por así decir, con él, venir a anunciar, si pudiera, también a otro esa unión de allá —como la que quizá también tenía Minos, por lo cual se le llamó «confidente de Zeus», y, recordándola, establecía las leyes como imágenes de ella, colmado para legislar por el contacto con lo divino—; o bien, si estima que los asuntos de la ciudad no son dignos de él, quedarse arriba, si quiere: esto es lo que le sucedería a quien ha visto mucho. [Aquél] no está fuera de nadie, dice, sino que está con todos sin que ellos lo sepan. Porque son ellos los que huyen fuera de él, o, mejor, fuera de sí mismos. No pueden, pues, alcanzar a aquel de quien han huido, ni, habiéndose perdido a sí mismos, buscar a otro; tampoco un hijo que, fuera de sí, ha caído en la locura, reconocerá a su padre; pero quien se ha conocido a sí mismo sabrá también de dónde procede.✦
Minos, rey legendario de Creta, aparece en la Odisea (XIX 178-179) como «confidente (oaristés) del gran Zeus», con quien conversaba cada nueve años; Platón recoge la tradición en las Leyes (624a-b) y en el Minos (319b-320b).
εἴ τις οὖν ψυχὴ οἶδεν ἑαυτὴν τὸν ἄλλον χρόνον καὶ οἶδεν, ὅτι ἡ κίνησις αὐτῆς οὐκ εὐθεῖα ἀλλ’ ἢ ὅταν κλάσιν λάβῃ, ἡ δὲ κατὰ φύσιν κίνησις οἵα ἡ ἐν κύκλῳ περί τι οὐκ ἔξω, ἀλλὰ περὶ κέντρον, τὸ δὲ κέντρον ἀφ’ οὗ ὁ κύκλος, κινήσεται περὶ τοῦτο, ἀφ’ οὗ ἐστι, καὶ τούτου ἀναρτήσεται συμφέρουσα ἑαυτὴν πρὸς τὸ αὐτό, πρὸς ὃ ἐχρῆν μὲν πάσας, φέρονται δὲ αἱ θεῶν [μόνον] ἀεί· πρὸς ὃ φερόμεναι θεοί εἰσι· θεὸς γὰρ τὸ ἐκείνῳ συνημμένον, τὸ δὲ πόρρω ἀφιστάμενον ἄνθρωπος ὁ πολὺς καὶ θηρίον. τὸ οὖν τῆς ψυχῆς οἷον κέντρον τοῦτό ἐστι τὸ ζητούμενον; ἢ ἄλλο τι δεῖ νομίσαι, εἰς ὃ πάντα οἷον κέντρα συμπίπτει, καὶ ὅτι ἀναλογίᾳ τοῦ κέντρου τοῦδε τοῦ κύκλου· οὐδὲ γὰρ οὕτω κύκλος ἡ ψυχή, ὡς τὸ σχῆμα, ἀλλ’ ὅτι ἐν αὐτῇ καὶ περὶ αὐτὴν ἡ ἀρχαία φύσις· καὶ ὅτι ἀπὸ τοιούτου, καὶ ἔτι μᾶλλον ὅτι χωρισθεῖσαι ὅλαι. νῦν δέ, ἐπεὶ μέρος ἡμῶν κατέχεται ὑπὸ τοῦ σώματος — οἷον εἴ τις τοὺς πόδας ἔχοι ἐν ὕδατι, τῷ δ’ ἄλλῳ σώματι ὑπερέχοι — τῷ δὴ μὴ βαπτισθέντι τοῦ σώματος ὑπεράραντες, τούτῳ συνάπτομεν κατὰ τὸ ἑαυτῶν κέντρον τῷ οἷον πάντων κέντρῳ, καθάπερ τῶν μεγίστων κύκλων τὰ κέντρα τῷ τῆς σφαίρας τῆς περιεχούσης κέντρῳ, ἀναπαυόμενοι. εἰ μὲν οὖν σωματικοὶ ἦσαν, οὐ ψυχικοὶ κύκλοι, τοπικῶς ἂν τῷ κέντρῳ συνῆπτον καί που κειμένου τοῦ κέντρου περὶ αὐτὸ ἂν ἦσαν· ἐπειδὴ δὲ αὐταί τε αἱ ψυχαὶ νοηταί, ὑπὲρ νοῦν τε ἐκεῖνο, δυνάμεσιν ἄλλαις, ᾗ πέφυκε τὸ νοοῦν πρὸς τὸ κατανοούμενον συνάπτειν, οἰητέον τὴν συναφὴν γίνεσθαι, καὶ πλέον, ὡς τὸ νοοῦν παρεῖναι ὁμοιότητι καὶ ταυτότητι καὶ συνάπτειν τῷ συγγενεῖ οὐδενὸς διείργοντος. σώμασι μὲν γὰρ σώματα κωλύεται κοινωνεῖν ἄλλοις, τὰ δὲ ἀσώματα σώμασιν οὐ διείργεται· οὐδ’ ἀφέστηκε τοίνυν ἀλλήλων τόπῳ, ἑτερότητι δὲ καὶ διαφορᾷ· ὅταν οὖν ἡ ἑτερότης μὴ παρῇ, ἀλλήλοις τὰ μὴ ἕτερα πάρεστιν. ἐκεῖνο μὲν οὖν μὴ ἔχον ἑτερότητα ἀεὶ πάρεστιν, ἡμεῖς δὲ ὅταν μὴ ἔχωμεν· κἀκεῖνο μὲν ἡμῶν οὐκ ἐφίεται, ὥστε περὶ ἡμᾶς εἶναι, ἡμεῖς δὲ ἐκείνου, ὥστε ἡμᾶς περὶ ἐκεῖνο. καὶ ἀεὶ μὲν περὶ αὐτό, οὐκ ἀεὶ δὲ εἰς αὐτὸ βλέπομεν, ἀλλ’ οἷον χορὸς ἐξᾴδων καίπερ ἔχων περὶ τὸν κορυφαῖον τραπείη ἂν εἰς τὸ ἔξω τῆς θέας, ὅταν δὲ ἐπιστρέψῃ, ᾅδει τε καλῶς καὶ ὄντως περὶ αὐτὸν ἔχει· οὕτω καὶ ἡμεῖς ἀεὶ μὲν περὶ αὐτό, καὶ ὅταν μή, λύσις ἡμῖν παντελὴς ἔσται καὶ οὐκέτι ἐσόμεθα· οὐκ ἀεὶ δὲ εἰς αὐτό, ἀλλ’ ὅταν εἰς αὐτὸ ἴδωμεν, τότε ἡμῖν τέλος καὶ ἀνάπαυλα καὶ τὸ μὴ ἀπᾴδειν χορεύουσιν ὄντως περὶ αὐτὸ χορείαν ἔνθεον.
Si, pues, un alma se conoce a sí misma el resto del tiempo y sabe que su movimiento no es rectilíneo, salvo cuando sufre una desviación, sino que su movimiento natural es como el que va en círculo en torno a algo, no exterior, sino en torno a un centro, y que el centro es aquello de lo que procede el círculo, se moverá en torno a aquello de lo que procede y estará suspendida de él, llevándose hacia lo mismo hacia lo que deberían [ir] todas, y hacia lo que van siempre las [almas] de los dioses; y por ir hacia ello son dioses. Pues dios es lo que está unido a aquello; y lo que se aleja mucho es el hombre de la multitud y la bestia. ¿Es, entonces, esto que buscamos como el centro del alma? ¿O hay que pensar que es otra cosa, en la que todos los centros coinciden, por así decir, y que [se llama centro] por analogía con el centro de este círculo? Pues el alma no es círculo como lo es la figura, sino porque en ella y en torno a ella está la naturaleza primordial, y porque procede de semejante [centro], y todavía más porque [las almas] están enteramente separadas. Pero ahora, puesto que una parte de nosotros está retenida por el cuerpo —como si alguien tuviera los pies en el agua y sobresaliera con el resto del cuerpo—, elevándonos con la parte que no está sumergida en el cuerpo, con ella nos unimos, por nuestro propio centro, al que es como el centro de todas las cosas, igual que los centros de los círculos máximos [coinciden] con el centro de la esfera que los envuelve, y descansamos. Si fueran círculos corporales y no anímicos, se unirían al centro localmente y, estando el centro en algún lugar, estarían en torno a él; pero puesto que las almas mismas son inteligibles, y aquello está más allá del Intelecto, hay que pensar que la unión se produce por otras potencias, por las que lo que piensa se une por naturaleza con lo pensado, y aún más [estrechamente], porque lo que piensa está presente por semejanza e identidad y se une a lo que le es afín sin que nada lo separe. A los cuerpos, en efecto, otros cuerpos les impiden tener comunión entre sí, mientras que a las cosas incorpóreas los cuerpos no las separan; ni tampoco están alejadas unas de otras por el lugar, sino por la alteridad y la diferencia. Cuando, pues, no hay alteridad, las cosas que no son distintas están presentes unas a otras. Aquello, por tanto, al no tener alteridad, está siempre presente; nosotros [lo estamos] cuando no la tenemos. Y aquello no aspira a nosotros, como para estar en torno a nosotros, sino nosotros a él, para estar en torno a él. Y siempre estamos en torno a él, pero no siempre miramos hacia él; sino que, como un coro que canta, aunque esté en torno al corifeo, puede volverse hacia fuera del espectáculo, pero cuando se vuelve [hacia él], canta bien y está verdaderamente en torno a él, así también nosotros estamos siempre en torno a él —y si no lo estuviéramos, sería nuestra disolución completa y ya no existiríamos—, pero no siempre [miramos] hacia él; mas cuando miramos hacia él, entonces llegamos a nuestro fin y a nuestro descanso, y dejamos de desentonar, danzando verdaderamente en torno a él una danza inspirada por el dios.✦
«Las [almas] de los dioses»: los dioses celestes, es decir, las almas de los astros, que según el Fedro de Platón (247a-e) acompañan sin cesar la marcha del cielo y contemplan siempre lo inteligible.
Corifeo: el director del coro en el teatro griego; el coro cantaba y danzaba en torno a él, de modo que si se vuelve «hacia fuera», hacia el público, pierde el compás.
ἐν δὲ ταύτῃ τῇ χορείᾳ καθορᾷ πηγὴν μὲν ζωῆς, πηγὴν δὲ νοῦ, ἀρχὴν ὄντος, ἀγαθοῦ αἰτίαν, ῥίζαν ψυχῆς· οὐκ ἐκχεομένων ἀπ’ αὐτοῦ ἐκείνων, εἶτ’ ἐλαττούντων· οὐ γὰρ ὄγκος· ἢ φθαρτὰ ἂν ἦν τὰ γεννώμενα. νῦν δέ ἐστιν ἀίδια, ὅτι ἡ ἀρχὴ αὐτῶν ὡσαύτως μένει οὐ μεμερισμένη εἰς αὐτά, ἀλλ’ ὅλη μένουσα. διὸ κἀκεῖνα μένει· οἷον εἰ μένοντος ἡλίου καὶ τὸ φῶς μένει. οὐ γὰρ ἀποτετμήμεθα οὐδὲ χωρὶς ἐσμέν, εἰ καὶ παρεμπεσοῦσα ἡ σώματος φύσις πρὸς αὑτὴν ἡμᾶς εἵλκυσεν, ἀλλ’ ἐμπνέομεν καὶ σωζόμεθα οὐ δόντος, εἶτα ἀποστάντος ἐκείνου, ἀλλ’ ἀεὶ χορηγοῦντος ἕως ἂν ᾖ ὅπερ ἔστι. μᾶλλον μέντοι ἐσμὲν νεύσαντες πρὸς αὐτὸ καὶ τὸ εὖ ἐνταῦθα, τὸ [δὲ] πόρρω εἶναι μόνον καὶ ἧττον εἶναι· ἐνταῦθα καὶ ἀναπαύεται ψυχὴ κακῶν ἔξω εἰς τὸν τῶν κακῶν καθαρὸν τόπον ἀναδραμοῦσα· καὶ νοεῖ ἐνταῦθα, καὶ ἀπαθὴς ἐνταῦθα· καὶ τὸ ἀληθῶς ζῆν ἐνταῦθα· τὸ γὰρ νῦν καὶ τὸ ἄνευ θεοῦ ἴχνος ζωῆς ἐκείνην μιμούμενον, τὸ δὲ ἐκεῖ ζῆν ἐνέργεια μὲν νοῦ, ἐνεργείᾳ δὲ καὶ γεννᾷ θεοὺς ἐν ἡσύχῳ τῇ πρὸς ἐκεῖνο ἐπαφῇ, γεννᾷ δὲ κάλλος, γεννᾷ δικαιοσύνην, ἀρετὴν γεννᾷ· ταῦτα γὰρ κύει ψυχὴ πληρωθεῖσα θεοῦ καὶ τοῦτο αὐτῇ ἀρχὴ καὶ τέλος· ἀρχὴ μέν, ὅτι ἐκεῖθεν, τέλος δέ, ὅτι τὸ ἀγαθὸν ἐκεῖ, καὶ ἐκεῖ γενομένη γίνεται αὐτὴ ὅπερ ἦν· τὸ γὰρ ἐνταῦθα καὶ ἐν τούτοις ἔκπτωσις καὶ φυγὴ καὶ πτερορρύησις· δηλοῖ δὲ ὅτι τὸ ἀγαθὸν ἐκεῖ καὶ ὁ ἔρως ὁ τῆς ψυχῆς ὁ σύμφυτος, καθ’ ὃ καὶ συνέζευκται ἔρως ταῖς ψυχαῖς καὶ ἐν γραφαῖς καὶ ἐν μύθοις. ἐπεὶ γὰρ ἕτερον θεοῦ ἐκείνη, ἐξ ἐκείνου δέ, ἐρᾷ αὐτοῦ ἐξ ἀνάγκης· καὶ οὖσα ἐκεῖ τὸν οὐράνιον ἔρωτα ἔχει, ἐνταῦθα δὲ πάνδημος γίγνεται. καὶ γάρ ἐστιν ἐκεῖ Ἀφροδίτη οὐρανία, ἐνταῦθα δὲ γίνεται πάνδημος οἷον ἑταιρισθεῖσα· καὶ ἔστι πᾶσα ψυχὴ Ἀφροδίτη. καὶ τοῦτο αἰνίττεται καὶ τὰ τῆς Ἀφροδίτης γενέθλια καὶ ὁ Ἔρως ὁ μετ’ αὐτῆς γενόμενος. ἐρᾷ οὖν κατὰ φύσιν ἔχουσα ψυχὴ θεοῦ ἑνωθῆναι θέλουσα, ὥσπερ παρθένος καλοῦ πατρὸς καλὸν ἔρωτα· ὅταν δὲ εἰς γένεσιν ἐλθοῦσα οἷον μνηστείαις ἀπατηθῇ, ἄλλον ἀλλαξαμένη θνητὸν ἔρωτα ἐρημίᾳ πατρὸς ὑβρίζεται· μισήσασα δὲ πάλιν τὰς ἐνταῦθα ὕβρεις [καὶ] ἁγνεύσασα τῶν τῇδε πρὸς τὸν πατέρα αὖθις στελλομένη εὐπαθεῖ. καὶ οἷς μὲν ἄγνωστόν ἐστι τὸ πάθημα τοῦτο, ἐντεῦθεν ἐνθυμείσθω ἀπὸ τῶν ἐνταῦθα ἐρώτων οἷόν ἐστι τυχεῖν ὧν τις μάλιστα ἐρᾷ, καὶ ὅτι ταῦτα μὲν τὰ ἐρώμενα θνητὰ καὶ βλαβερὰ καὶ εἰδώλων ἔρωτες καὶ μεταπίπτει, ὅτι οὐκ ἦν τὸ ὄντως ἐρώμενον, οὐδὲ τὸ ἀγαθὸν ἡμῶν, οὐδ’ ὃ ζητοῦμεν. ἐκεῖ δὲ τὸ ἀληθινὸν ἐρώμενον, ᾧ ἔστι καὶ συνεῖναι μεταλαβόντα αὐτοῦ καὶ ὄντως ἔχοντα, οὐ περιπτυσσόμενον σαρξὶν ἔξωθεν. ὅστις δὲ εἶδεν, οἶδεν ὃ λέγω, ὡς ἡ ψυχὴ ζωὴν ἄλλην ἴσχει τότε προσιοῦσα καὶ ἤδη προσελθοῦσα καὶ μετασχοῦσα αὐτοῦ, ὥστε γνῶναι διατεθεῖσαν, ὅτι πάρεστιν ὁ χορηγὸς ἀληθινῆς ζωῆς, καὶ δεῖ οὐδενὸς ἔτι· τοὐναντίον δὲ ἀποθέσθαι τὰ ἄλλα δεῖ, καὶ ἐν μόνῳ στῆναι τούτῳ, καὶ τοῦτο γενέσθαι μόνον περικόψαντα τὰ λοιπὰ ὅσα περικείμεθα· ὥστε ἐξελθεῖν σπεύδειν ἐντεῦθεν καὶ ἀγανακτεῖν ἐπὶ θάτερα δεδεμένους, ἵνα τῷ ὅλῳ αὑτῶν περιπτυξώμεθα καὶ μηδὲν μέρος ἔχωμεν, ᾧ μὴ ἐφαπτόμεθα θεοῦ. ὁρᾶν δὴ ἔστιν ἐνταῦθα κἀκεῖνον καὶ ἑαυτὸν ὡς ὁρᾶν θέμις· ἑαυτὸν μὲν ἠγλαισμένον, φωτὸς πλήρη νοητοῦ, μᾶλλον δὲ φῶς αὐτὸ καθαρόν, ἀβαρῆ, κοῦφον, θεὸν γενόμενον, μᾶλλον δὲ ὄντα, ἀναφθέντα μὲν τότε, εἰ δὲ πάλιν βαρύνοιτο, ὥσπερ μαραινόμενον.
En esta danza [el alma] contempla la fuente de la vida, la fuente del Intelecto, el principio del ser, la causa del bien, la raíz del alma; no como si estas cosas se derramaran de él y luego lo disminuyeran, pues no es una masa; de lo contrario, lo engendrado sería perecedero. Pero de hecho son eternas, porque su principio permanece igual, sin haberse repartido entre ellas, sino que permanece entero. Por eso también ellas permanecen, como permanece la luz si permanece el sol. Pues no estamos cortados [de él] ni separados, aunque la naturaleza del cuerpo, que se ha interpuesto, nos haya arrastrado hacia sí, sino que respiramos y nos conservamos porque aquél no da y luego se retira, sino que suministra siempre, mientras sea lo que es. Somos más, sin embargo, cuando nos inclinamos hacia él, y el bien está allí; estar lejos es sólo ser menos. Allí también descansa el alma, fuera de los males, una vez que ha remontado hasta el lugar puro de males; y allí piensa, y allí es impasible, y allí está el verdadero vivir. Porque el vivir de ahora, el que es sin dios, es una huella de vida que imita aquella [vida]; mientras que el vivir de allá es actividad del Intelecto; y por esa actividad engendra también dioses en tranquilo contacto con aquello, engendra belleza, engendra justicia, engendra virtud. Pues de esto queda encinta el alma cuando se ha llenado de dios, y esto es para ella principio y fin: principio, porque viene de allá; fin, porque el Bien está allá, y llegando allá llega a ser lo que era. Porque lo de aquí, [estar] entre estas cosas, es caída, destierro y pérdida de las alas. Muestra que el Bien está allá también el amor (éros) innato del alma, según el cual Eros está unido a las almas tanto en las pinturas como en los mitos. Pues ya que ella es distinta de dios, pero procede de él, lo ama necesariamente; y estando allá tiene el amor celeste, mientras que aquí se vuelve vulgar. Pues allá está la Afrodita Celeste, y aquí se vuelve vulgar, como prostituida; y toda alma es Afrodita. Esto es lo que dan a entender en enigma el nacimiento de Afrodita y Eros, nacido junto con ella. Por eso el alma, cuando está conforme a su naturaleza, ama a dios queriendo unirse a él, como una doncella [ama] con amor bello a un padre bello; pero cuando, venida a la generación, es engañada por unos esponsales, por así decir, cambiando [aquel amor] por otro amor mortal, en ausencia de su padre sufre ultraje; pero, aborreciendo de nuevo los ultrajes de aquí y purificándose de las cosas de este mundo, al dirigirse otra vez hacia su padre se halla dichosa. Y aquellos para quienes esta experiencia es desconocida, que la consideren a partir de los amores de aquí: qué es obtener lo que uno más ama, y [piensen] que estas cosas amadas son mortales y dañinas, amores de imágenes, y que cambian, porque no eran lo verdaderamente amado, ni nuestro bien, ni lo que buscamos. Pero allá está el verdadero amado, con el que es posible unirse participando de él y poseyéndolo realmente, no abrazándolo por fuera con la carne. Quien lo ha visto sabe lo que digo: que el alma tiene entonces otra vida, al acercarse, y cuando ya se ha acercado y participa de él, de modo que, dispuesta así, sabe que está presente el que suministra la vida verdadera y que ya no necesita nada; al contrario, debe deponer todo lo demás y detenerse sólo en esto, y llegar a ser sólo esto, cortando todo lo demás que nos rodea; de modo que nos apresuremos a salir de aquí y nos irritemos de estar atados a lo otro, para abrazarlo con todo nuestro ser y no tener ninguna parte con la que no toquemos a dios. Allí es posible ver a aquél y a uno mismo, tal como es lícito ver: a uno mismo, resplandeciente, lleno de luz inteligible, o, mejor, hecho luz pura, sin peso, ligero, hecho dios, o, mejor, siendo dios; encendido entonces, pero, si de nuevo se volviera pesado, como marchitándose.✦
«Pérdida de las alas» (pterorrhýesis): imagen del Fedro de Platón (246c-248c), donde el alma que pierde sus alas cae y toma un cuerpo.
Afrodita Celeste (Uranía) y Afrodita Vulgar (Pándemos): distinción del discurso de Pausanias en el Banquete de Platón (180d-181c); el nacimiento de Afrodita y de Eros alude al mito de Hesíodo y al relato de Diotima (Banquete 203c), según el cual Eros fue concebido el día del nacimiento de Afrodita.
πῶς οὖν οὐ μένει ἐκεῖ; ἢ ὅτι μήπω ἐξελήλυθεν ὅλως. ἔσται δὲ ὅτε καὶ τὸ συνεχὲς ἔσται τῆς θέας οὐκέτι ἐνοχλουμένῳ οὐδεμίαν ἐνόχλησιν τοῦ σώματος. ἔστι δὲ τὸ ἑωρακὸς οὐ τὸ ἐνοχλούμενον, ἀλλὰ τὸ ἄλλο, ὅτε τὸ ἑωρακὸς ἀργεῖ τὴν θέαν οὐκ ἀργοῦν τὴν ἐπιστήμην τὴν ἐν ἀποδείξεσι καὶ πίστεσι καὶ τῷ τῆς ψυχῆς διαλογισμῷ· τὸ δὲ ἰδεῖν καὶ τὸ ἑωρακός ἐστιν οὐκέτι λόγος, ἀλλὰ μεῖζον λόγου καὶ πρὸ λόγου καὶ ἐπὶ τῷ λόγῳ, ὥσπερ καὶ τὸ ὁρώμενον. ἑαυτὸν μὲν οὖν ἰδὼν τότε, ὅτε ὁρᾷ, τοιοῦτον ὄψεται, μᾶλλον δὲ αὑτῷ τοιούτῳ συνέσται καὶ τοιοῦτον αἰσθήσεται ἁπλοῦν γενόμενον. τάχα δὲ οὐδὲ ὄψεται λεκτέον. τὸ δὲ ὀφθέν, εἴπερ δεῖ δύο ταῦτα λέγειν, τό τε ὁρῶν καὶ τὸ ὁρώμενον, ἀλλὰ μὴ ἓν ἄμφω — τολμηρὸς μὲν ὁ λόγος — τότε μὲν οὔτε ὁρᾷ οὔτε διακρίνει ὁ ὁρῶν οὐδὲ φαντάζεται δύο, ἀλλ’ οἷον ἄλλος γενόμενος καὶ οὐκ αὐτὸς οὐδ’ αὑτοῦ συντελεῖ ἐκεῖ, κἀκείνου γενόμενος ἕν ἐστιν ὥσπερ κέντρῳ κέντρον συνάψας· καὶ γὰρ ἐνταῦθα συνελθόντα ἕν ἐστι, τότε [δὲ] δύο, ὅταν χωρίς. οὕτω καὶ ἡμεῖς νῦν λέγομεν ἕτερον. διὸ καὶ δύσφραστον τὸ θέαμα. πῶς γὰρ ἂν ἀπαγγείλειέ τις ὡς ἕτερον οὐκ ἰδὼν ἐκεῖνο, ὅτε ἐθεᾶτο ἕτερον, ἀλλὰ ἓν πρὸς ἑαυτόν;
¿Cómo es, entonces, que no permanece allá? Porque todavía no ha salido del todo [de aquí]. Pero llegará el momento en que la contemplación sea continua, cuando ya no haya ninguna molestia del cuerpo que le estorbe. Y lo que ha visto no es lo que sufre la molestia, sino lo otro, cuando lo que ha visto deja ociosa la contemplación, sin dejar ociosa la ciencia que reside en demostraciones, pruebas y razonamientos del alma. Pero el ver y lo que ha visto ya no son razón, sino algo mayor que la razón, anterior a la razón y por encima de la razón, como también lo visto. Al verse, pues, a sí mismo entonces, cuando ve, se verá tal, o, mejor, estará consigo mismo siendo tal, y se percibirá tal, hecho simple. Quizá tampoco haya que decir «se verá». Y en cuanto a lo visto —si es que hay que decir que estas cosas son dos, el que ve y lo visto, y no ambas una sola; audaz es la palabra—, entonces el que ve ni ve ni distingue ni se representa dos, sino que, como si se hubiera hecho otro y no fuera él mismo ni [fuera] de sí mismo, allá contribuye [a la unión], y, hecho de aquél, es uno, como quien hace coincidir un centro con otro centro. Pues también aquí [los centros], al juntarse, son uno, y son dos cuando están separados. Así también nosotros hablamos ahora de otro. Por eso también es difícil de expresar el espectáculo. Pues ¿cómo podría alguien anunciarlo como algo distinto, si no vio aquello, cuando lo contemplaba, como algo distinto, sino como uno consigo mismo?
τοῦτο δὴ ἐθέλον δηλοῦν τὸ τῶν μυστηρίων τῶνδε ἐπίταγμα, τὸ μὴ ἐκφέρειν εἰς μὴ μεμυημένους, ὡς οὐκ ἔκφορον ἐκεῖνο ὂν ἀπεῖπε δηλοῦν πρὸς ἄλλον τὸ θεῖον, ὅτῳ μὴ καὶ αὐτῷ ἰδεῖν εὐτύχηται. ἐπεὶ τοίνυν δύο οὐκ ἦν, ἀλλ’ ἓν ἦν αὐτὸς ὁ ἰδὼν πρὸς τὸ ἑωραμένον, ὡς ἂν μὴ ἑωραμένον, ἀλλ’ ἡνωμένον, ὃς ἐγένετο ὅτε ἐκείνῳ ἐμίγνυτο εἰ μεμνῷτο, ἔχοι ἂν παρ’ ἑαυτῷ ἐκείνου εἰκόνα. ἦν δὲ ἓν καὶ αὐτὸς διαφορὰν ἐν αὑτῷ οὐδεμίαν πρὸς ἑαυτὸν ἔχων οὔτε κατὰ ἄλλα· οὐ γάρ τι ἐκινεῖτο παρ’ αὐτῷ, οὐ θυμός, οὐκ ἐπιθυμία ἄλλου παρῆν αὐτῷ ἀναβεβηκότι, ἀλλ’ οὐδὲ λόγος οὐδέ τις νόησις οὐδ’ ὅλως αὐτός, εἰ δεῖ καὶ τοῦτο λέγειν· ἀλλ’ ὥσπερ ἁρπασθεὶς ἢ ἐνθουσιάσας ἡσυχῆ ἐν ἐρήμῳ καταστάσει γεγένηται ἀτρεμεῖ τῇ αὐτοῦ οὐσίᾳ οὐδαμοῦ ἀποκλίνων οὐδὲ περὶ αὑτὸν στρεφόμενος, ἑστὼς πάντη καὶ οἷον στάσις γενόμενος· οὐδὲ τῶν καλῶν, ἀλλὰ καὶ τὸ καλὸν ἤδη ὑπερθέων, ὑπερβὰς ἤδη καὶ τὸν τῶν ἀρετῶν χορόν, ὥσπερ τις εἰς τὸ εἴσω τοῦ ἀδύτου εἰσδὺς εἰς τοὐπίσω καταλιπὼν τὰ ἐν τῷ ναῷ ἀγάλματα, ἃ ἐξελθόντι τοῦ ἀδύτου πάλιν γίνεται πρῶτα μετὰ τὸ ἔνδον θέαμα καὶ τὴν ἐκεῖ συνουσίαν πρὸς οὐκ ἄγαλμα οὐδ’ εἰκόνα, ἀλλ’ αὐτό· ἃ δὴ γίνεται δεύτερα θεάματα. τὸ δὲ ἴσως ἦν οὐ θέαμα, ἀλλὰ ἄλλος τρόπος τοῦ ἰδεῖν, ἔκστασις καὶ ἅπλωσις καὶ ἐπίδοσις αὑτοῦ καὶ ἔφεσις πρὸς ἁφὴν καὶ στάσις καὶ περινόησις πρὸς ἐφαρμογήν, εἴπερ τις τὸ ἐν τῷ ἀδύτῳ θεάσεται. εἰ δ’ ἄλλως βλέποι, οὐδὲν αὐτῷ πάρεστι. ταῦτα μὲν οὖν μιμήματα, καὶ τοῖς οὖν σοφοῖς τῶν προφητῶν αἰνίττεται, ὅπως θεὸς ἐκεῖνος ὁρᾶται· σοφὸς δὲ ἱερεὺς τὸ αἴνιγμα συνιεὶς ἀληθινὴν ἂν ποιοῖτο ἐκεῖ γενόμενος τοῦ ἀδύτου τὴν θέαν. καὶ μὴ γενόμενος δὲ τὸ ἄδυτον τοῦτο ἀόρατόν τι χρῆμα νομίσας καὶ πηγὴν καὶ ἀρχὴν εἰδήσει, ὡς ἀρχῇ ἀρχὴν ὁρᾷ, καὶ συγγίνεται καὶ τῷ ὁμοίῳ τὸ ὅμοιον, οὐδὲν παραλιπὼν τῶν θείων ὅσα δύναται ψυχὴ ἔχειν. καὶ πρὸ τῆς θέας τὸ λοιπὸν ἐκ τῆς θέας ἀπαιτεῖ· τὸ δὲ λοιπὸν τῷ ὑπερβάντι πάντα τὸ ὅ ἐστι πρὸ πάντων. οὐ γὰρ δὴ εἰς τὸ πάντη μὴ ὂν ἥξει ἡ ψυχῆς φύσις, ἀλλὰ κάτω μὲν βᾶσα εἰς κακὸν ἥξει, καὶ οὕτως εἰς μὴ ὄν, οὐκ εἰς τὸ παντελὲς μὴ ὄν· τὴν ἐναντίαν δὲ δραμοῦσα ἥξει οὐκ εἰς ἄλλο, ἀλλ’ εἰς ἑαυτήν, καὶ οὕτως οὐκ ἐν ἄλλῳ οὖσα ἐν οὐδενί ἐστιν, ἀλλ’ ἐν αὑτῇ· τὸ δ’ ἐν αὑτῇ μόνῃ καὶ οὐκ ἐν τῷ ὄντι ἐν ἐκείνῳ· γίνεται γὰρ καὶ αὐτός τις οὐκ οὐσία, ἀλλ’ ἐπέκεινα οὐσίας ταύτῃ, ᾗ προσομιλεῖ. εἴ τις οὖν τοῦτο αὑτὸν γενόμενον ἴδοι, ἔχει ὁμοίωμα ἐκείνου αὑτόν, καὶ εἰ ἀφ’ αὑτοῦ μεταβαίνοι ὡς εἰκὼν πρὸς ἀρχέτυπον, τέλος ἂν ἔχοι τῆς πορείας. ἐκπίπτων δὲ τῆς θέας πάλιν ἐγείρας ἀρετὴν τὴν ἐν αὑτῷ καὶ κατανοήσας ἑαυτὸν πάντη κεκοσμημένον πάλιν κουφισθήσεται δι’ ἀρετῆς ἐπὶ νοῦν ἰὼν καὶ διὰ σοφίας ἐπ’ αὐτό. καὶ οὗτος θεῶν καὶ ἀνθρώπων θείων καὶ εὐδαιμόνων βίος, ἀπαλλαγὴ τῶν ἄλλων τῶν τῇδε, βίος ἀνήδονος τῶν τῇδε, φυγὴ μόνου πρὸς μόνον.
Esto es, sin duda, lo que quiere mostrar el precepto de los misterios de aquí, el de no divulgarlos a los no iniciados: como aquello no es divulgable, prohibió mostrar lo divino a otro a quien no le haya cabido también la fortuna de verlo. Puesto que no eran dos, sino que el que vio era uno con lo visto, como si no fuera visto sino unido, quien llegó a ser [tal] cuando se mezclaba con aquello, si lo recordara, tendría en sí mismo una imagen de aquello. Y él mismo era uno, sin tener en sí ninguna diferencia, ni respecto de sí mismo ni respecto de otras cosas; pues nada se movía en él, ni ira ni deseo de otra cosa estaban presentes en él una vez que había subido, ni tampoco razón ni pensamiento alguno, ni en absoluto él mismo, si hay que decir también esto; sino que, como arrebatado o poseído por el dios, ha llegado quietamente a un estado solitario, con su esencia inmóvil, sin desviarse hacia ninguna parte ni girar siquiera en torno a sí mismo, quieto del todo y hecho, por así decir, quietud. Tampoco [se ocupa ya] de las cosas bellas, sino que ha sobrepasado ya incluso la belleza, ha dejado atrás también el coro de las virtudes, como quien, entrando en el interior del santuario, deja atrás las estatuas del templo, que al salir del santuario vuelven a ser lo primero [que ve] tras el espectáculo de dentro y la unión de allí, no con una estatua ni con una imagen, sino con él mismo; y éstas resultan espectáculos secundarios. Pero aquello quizá no era un espectáculo, sino otro modo de ver: éxtasis, simplificación, entrega de sí, anhelo de contacto, quietud y un pensar alrededor que busca ajustarse, si es que alguien ha de contemplar lo que hay en el santuario. Si mira de otra manera, nada se le hace presente. Estas cosas son, pues, imitaciones, y así se da a entender en enigma a los sabios de entre los intérpretes cómo se ve a aquel dios; y el sacerdote sabio que comprende el enigma, una vez llegado allá, puede tener la verdadera contemplación del santuario. Y aun sin haber llegado, si considera que el santuario es algo invisible, y fuente y principio, sabrá que ve el principio con el principio y que lo semejante se une a lo semejante, sin descuidar nada de lo divino que el alma puede tener. Y antes de la contemplación pide lo que queda de la contemplación; y lo que queda, para quien lo ha sobrepasado todo, es lo que está antes de todo. Porque la naturaleza del alma no llegará a lo que no es en absoluto, sino que, si desciende, llegará al mal, y así al no ser, pero no al no ser total; y si corre en sentido contrario, no llegará a otra cosa, sino a sí misma, y así, no estando en otro, no está en nada, sino en sí misma; y estar en sí sola, y no en el ser, es estar en aquél. Pues también uno mismo llega a ser, no esencia, sino más allá de la esencia, en la medida en que se une a él. Si, pues, alguien se ve a sí mismo hecho esto, se tiene a sí mismo como semejanza de aquél, y si desde sí mismo pasara [a él], como la imagen al arquetipo, tendría el fin de su viaje. Y cuando caiga de la contemplación, despertando de nuevo la virtud que hay en él y reconociéndose ordenado por completo, otra vez se aligerará, yendo por la virtud al Intelecto y por la sabiduría a él. Y ésta es la vida de los dioses y de los hombres divinos y felices: liberación de las demás cosas de aquí, vida que no se complace en las cosas de aquí, huida del solo al Solo.✦
Theoría, «contemplación»: el ver propio del Intelecto y, en su cima, la visión de lo Uno, que aquí deja de ser propiamente un espectáculo (théama) y se convierte en unión. Plotino lo compara con la entrada del iniciado en el ádyton, la cámara más interior del templo.
«Huida del solo al Solo» (phygè mónou pròs mónon): fórmula con la que terminan las Enéadas en la ordenación de Porfirio; resume la ascensión como un apartarse de todo para unirse a lo Uno, que está solo.
Fuente del texto original: Texto griego: edición de R. Volkmann (Leipzig, Teubner, 1883–1884, dominio público), transcripción digital de Open Greek and Latin (First1KGreek), CC BY-SA 4.0. La columna griega se distribuye con esa misma licencia.