Capítulo 26
Ἐγχειρίδιον, 26
τὸ βούλημα τῆς φύσεως καταμαθεῖν ἔστιν ἐξ ὧν οὐ διαφερόμεθα πρὸς ἀλλήλους. οἷον, ὅταν ἄλλου παιδάριον κατεάξῃ τὸ ποτήριον, πρόχειρον εὐθὺς λέγειν ὅτι τῶν γινομένων ἐστίν. ἴσθι οὖν, ὅτι, ὅταν καὶ τὸ σὸν κατεαγῇ, τοιοῦτον εἶναί σε δεῖ, ὁποῖον ὅτε καὶ τὸ τοῦ ἄλλου κατεάγη. οὕτω μετατίθει καὶ ἐπὶ τὰ μείζονα. τέκνον ἄλλου τέθνηκεν ἢ γυνή; οὐδείς ἐστιν ὃς οὐκ ἂν εἴποι ὅτι ἀνθρώπινον· ἀλλʼ ὅταν τὸ αὐτοῦ τινος ἀποθάνῃ, εὐθὺς οἴμοι, τάλας ἐγώ. ἐχρῆν δὲ μεμνῆσθαι, τί πάσχομεν περὶ ἄλλων αὐτὸ ἀκούσαντες.
La voluntad de la naturaleza puede aprenderse de aquello en que no diferimos unos de otros. Por ejemplo, cuando el esclavillo de otro rompe la copa, enseguida tienes a mano decir: «Es de las cosas que suceden». Sabe, pues, que cuando se rompa la tuya, debes ser tal como cuando se rompió la del otro. Traslada esto también a las cosas mayores. ¿Ha muerto el hijo o la mujer de otro? No hay nadie que no diga: «Es cosa humana». Pero cuando muere alguno de los suyos, enseguida: «¡Ay de mí, desdichado!». Habría que recordar lo que sentimos al oír lo mismo de otros.
Fuente del texto original: Texto griego: edición de H. Schenkl (Leipzig, Teubner, 1916, dominio público), transcripción digital de Perseus Digital Library, CC BY-SA 4.0. La columna griega se distribuye con esa misma licencia.