Libro III, 52 · Que el hombre no se tenga por digno de consuelo, sino más bien de azotes
Quod homo non reputet se consolatione dignum, sed magis verberibus dignum
Domine, non sum dignus consolatione tua, nec aliqua spirituali visitatione: et ideo juste mecum agis, quando me inopem et desolatum relinquis. Si enim ad instar maris lacrymas fundere possem, adhuc consolatione tua dignus non essem. Unde nihil dignus sum quam flagellari et puniri, quia graviter et sæpe te offendi, et in multis valde deliqui. Ergo vera pensata ratione, nec minima sum dignus consolatione. Sed tu clemens et misericors, quia non vis perire opera tua, ad ostendendum divitias bonitatis tuæ in vasa misericordiæ tuæ, etiam præter omne proprium meritum dignaris consolari servum tuum supra humanum modum. Tuæ enim consolationes non sunt sicut humanæ confabulationes.
Señor, no soy digno de tu consuelo ni de visita espiritual alguna; y por eso obras justamente conmigo cuando me dejas pobre y desolado. Porque aunque pudiera derramar lágrimas como un mar, aún no sería digno de tu consuelo. Por eso no soy digno sino de ser azotado y castigado, porque te he ofendido gravemente y a menudo, y he faltado mucho en muchas cosas. Así pues, bien pesada la razón, no soy digno ni del más pequeño consuelo. Pero tú, clemente y misericordioso, que no quieres que perezcan tus obras, para mostrar las riquezas de tu bondad en los vasos de tu misericordia, te dignas consolar a tu siervo, aun por encima de todo mérito propio, más allá del modo humano. Porque tus consuelos no son como las pláticas humanas.✦
Rm 9,23.
Quid egi, Domine, ut mihi conferres aliquam cælestem consolationem? Ego nihil boni egisse recolo me, sed semper ad vitia pronum, et ad emendationem pigrum fuisse. Verum est, et abnegare non possum; si aliter dicerem, tu stares contra me, et non esset qui defenderet. Quid merui pro peccatis meis, nisi infernum, et ignem æternum? In veritate confiteor, quoniam dignus sum omni ludibrio et contemtu; nec decet me inter devotos tuos commemorari. Et licet hoc ægre audiam, tamen adversum me pro veritate peccata mea arguam, ut facilius misericordiam tuam valeam impetrare.
¿Qué he hecho yo, Señor, para que me concedieras algún consuelo celestial? No recuerdo haber hecho nada bueno, sino haber sido siempre inclinado a los vicios y perezoso para la enmienda. Es verdad, y no puedo negarlo. Si dijera otra cosa, tú te levantarías contra mí, y no habría quien me defendiera. ¿Qué he merecido por mis pecados sino el infierno y el fuego eterno? En verdad confieso que soy digno de toda burla y desprecio, y no me conviene ser contado entre tus devotos. Y aunque esto lo oiga con pesar, sin embargo, por amor a la verdad, acusaré mis pecados contra mí mismo, para poder alcanzar más fácilmente tu misericordia.
Quid dicam reus, et omni confusione plenus? Non habeo os loquendi, nisi hoc tantum verbum: Peccavi, Domine, peccavi: miserere mei, ignosce mihi. Sine me paululum, ut plangam dolorem meum, antequam vadam ad terram tenebrosam, et opertam mortis caligine. Quid tam maxime a reo et misero peccatore requiris nisi ut conteratur et humiliet se pro delictis suis? In vera contritione, et cordis humiliatione nascitur spes veniæ, reconciliatur perturbata conscientia, recuperatur gratia perdita, tuetur homo a futura ira, et occurrunt sibi mutuo in osculo sancto Deus et pœnitens anima.
¿Qué diré yo, culpable y lleno de toda confusión? No tengo boca para hablar, sino solo esta palabra: «He pecado, Señor, he pecado; ten misericordia de mí, perdóname». Déjame un poco que llore mi dolor, antes que me vaya a la tierra tenebrosa y cubierta de la oscuridad de la muerte. ¿Qué pides tanto al culpable y miserable pecador sino que se arrepienta y se humille por sus delitos? En la verdadera contrición y humillación del corazón nace la esperanza del perdón, se reconcilia la conciencia turbada, se recobra la gracia perdida, se defiende el hombre de la ira venidera, y se salen mutuamente al encuentro, en ósculo santo, Dios y el alma penitente.✦
Jb 10,20-21.
Humilis peccatorum contritio acceptabile tibi est, Domine, sacrificium, longe suavius odorans in conspectu tuo, quam thuris incensum. Hoc est gratum etiam unguentum, quod sacris pedibus tuis infundi voluisti, quia cor contritum, et humiliatum nunquam despexisti. Ibi est locus refugii a facie iræ inimici; ibi emendatur et abluitur quidquid aliunde contractum est et inquinatum.
La humilde contrición de los pecadores es para ti, Señor, sacrificio acepto, de olor mucho más suave en tu presencia que el incienso quemado. Este es también el ungüento grato que quisiste que se derramara sobre tus sagrados pies, porque nunca despreciaste el corazón contrito y humillado. Allí está el lugar de refugio frente al rostro airado del enemigo; allí se enmienda y se lava todo lo que por otra parte se ha contraído y manchado.✦
Lc 7,38; Sal 51,19.
Fuente del texto original: Texto latino: The Latin Library (thelatinlibrary.com), marcado como dominio público; se han corregido sus erratas evidentes, y donde a esta edición le faltan palabras se traduce lo que dice.